septiembre 25, 2019

Ya viene la feria canina


¿Soltará un pitbull su presa? 

Milton Acosta, PhD

Todo cristiano interesado en la política supone, sostiene y ostenta que sus afiliaciones en ese campo están claramente alineadas con su fe y esta con la Biblia. Así, para cada decisión política que toma tiene un texto bíblico con qué defenderla, desde el aborto hasta la guerra. Quien esto escribe no es la excepción, lo cual se demostrará a continuación. Lo haremos con el salmo 82, una oración comunitaria del llamado “cancionero hebreo”. Pero no estamos ante cualquier cancionero, pues en la piedad bíblica, tanto personal como comunitaria, hay lugar para los temas políticos, ya que la fe, no solamente no es ajena a la política, sino que es intrínsecamente política. De modo pues que los famosos cantores de Asaf, identidad que algunos compositores cristianos hoy pretenden adoptar, les dedicaron algunos de sus cantos a los políticos, de los cuales ciertamente no fueron sus compadres. ¿Se imaginan un salmo que dijera, “A mi compadre Jeroboán, en Samaria, con mucho gusto, ¡ay oooombe!”? No.

La estructura literaria del salmo 82 es sencilla:

Declaración: Dios juzga como juez de jueces (1)
            Llamado enérgico a defender a los pobres de los poderosos (2-4)
            Caída de los poderosos por injustos, ignorantes y peligrosos (5-7)
Ruego: Dios juzgará todas las naciones (8)

El salmo empieza y termina con el verbo šāp̲aṭ usado en combinación con otro verbo que traduce “levantarse”, nāṣab̲ al inicio y qûm al final. La declaración general de que Dios se levanta para juzgar anima al orante a pedirle a Dios que se levante a juzgar la tierra. En el centro del salmo hay dos secciones de tres versículos cada una. Los versículos 2-4 se refieren a la injusticia que cometen los malvados contra los pobres y lo que se debe hacer para terminar con esa situación, mientras que los versículos 5-7 declaran cuál es el fin que les espera a los malvados. Entre los versículos 1 y 2 hay un marcado contraste, pues pasa de la justicia de Dios a la injusticia de los poderosos. Otro contraste se observa al final, entre los versículos 7 y 8, donde se pasa de los príncipes que caen a Dios que se levanta para juzgar sus actos perversos.

“Juzgar” es un verbo recurrente en la Biblia, pero no solamente se refiere a los jueces de los estrados judiciales. El verbo hebreo šāp̲aṭ abarca todas las relaciones, incluyendo el funcionamiento de la economía y la defensa de los marginados, los cuales están representados por grupos de personas descritas aquí con seis términos en singular; el salmista agotó los sinónimos: desvalido, huérfano, humilde, necesitado, oprimido, pobre. Hacer justicia es defender a estas personas del poder de los malvados, pero no esperamos que los mismos que oprimen van a usar su poder para acabar con la opresión. El primer reconocimiento al que llega toda persona que intenta hacer política limpiamente es que el poder de los malvados es prácticamente imposible de contrarrestar, especialmente en países tradicionalmente oligárquicos, es decir, donde las familias con poder económico son pocas y son las mismas que ostentan el poder político y dueñas de la tierra. ¿Cuándo se ha visto que tal cosa ocurra? Es como pedirle a un pitbull que suelte su presa. Y bueno, así como los hay políticos (Is 10), también los hay ministros (Ez 22).

A partir del versículo cinco, el salmo 82 se refiere a la suerte que correrán los poderosos opresores, descritos con cuatro términos: dioses, hijos del altísimo, hombres y príncipes. También son llamados rəšāʿîm (“malvados”). Siguiendo la pista del paralelismo hebreo, diremos que así como los seis nombres usados para las víctimas de la injusticia se refieren a un mismo grupo de personas, los pobres y los marginados, también los cuatro términos usados para los victimarios se refieren a un mismo grupo de personas, los ricos y los poderosos. Su falta de conocimiento y entendimiento (v. 5) los pone en la categoría de los necios (Pr 29:7; Sal 92:7). Del por qué son llamados “dioses” nos podemos ocupar cuando resolvamos la pobreza.

El final del salmo 82 tiene un carácter mundial, lo cual nos da pie para afirmar por lo menos cuatro cosas: 1) Dios está interesado en que en el mundo exista un sistema económico justo que proteja a los necesitados; 2) Dios es el enemigo número uno de los poderosos que tratan mal a los pobres, a tal punto que los juzgará, es decir, se asegurará de su caída; 3) es legítimo pedirle a Dios que los juzgue de esa manera; y 4) estos son los criterios que deberían orientar los juicios y decisiones políticas de los creyentes. ¿Hasta cuándo patrocinaremos los cristianos tanta injusticia y favoreceremos a los impíos? Note que los impíos del salmo son también creyentes.

Partidos estamos los cristianos actualmente gracias a la política, lo cual sugiere que nuestra lectura está determinada por un criterio hermenéutico externo a la Biblia. El criterio, que es ideológico y no siempre consciente, determina cómo leemos la Biblia y la realidad. La ideología se adquiere a lo largo de los años y se encarna en los políticos de nuestra preferencia. Por cierto, ya ni partidos políticos quedan, sino empresas electorales dirigidas por caciques políticos. Es decir, el criterio hermenéutico para la lectura de temas políticos en la Biblia nos lo dictan los políticos, no los pastores ni los teólogos. Esto no es ninguna novedad, pero vale la pena recordarlo. En conclusión, el salmo 82 nos enseña a orar, analizar y decidir con criterios claros. Y, por favor, cuídese de los perros (Fil 3:2).©Milton Acosta 2019

julio 10, 2019

Las señales


Ya viene el fin del mundo

Milton Acosta, PhD

Todo se habían imaginado los intérpretes apocalípticos de la Biblia en cuanto a cómo y por qué ocurriría el fin del mundo, menos que fuera el resultado de un inexorable desastre ecológico antropogénico. Es decir, que los seres humanos destruiríamos rápidamente nuestra propia casa. Me dijo hace poco un experto chileno que habrá escasez de combustible y de agua, lo cual causará hambrunas, desplazamientos humanos masivos, epidemias devastadoras y guerras de alta intensidad donde sobreviviría menos del 10% de la población mundial. Que el cuadro es apocalíptico, no cabe duda. La novedad es que quienes lo pintan no son profetas, sino científicos.

Le escuché decir a un ministro protestante escandinavo recientemente estas palabras: “no me interesa hablar ni trabajar en ningún otro tema que no sea el cambio climático”. ¿Y eso por qué?, le pregunté. “Porque no hay nada más importante para los seres humanos que la supervivencia de nuestra propia especie”, me dijo. Así habla un teólogo informado por la ciencia. Pero, también es sabido que hay gente que no cree en el discurso del cambio climático.

Históricamente, la ciencia ha hecho parte del discurso económico, político y teológico. Esto se puede constatar hoy al ver partidos políticos que “creen” en el discurso del cambio climático y otros que no. Las implicaciones económicas de la ciencia por lo general saltan a la vista. Pero, ¿qué tiene que ver ciencia con política? Pues todo, lo mismo que con economía y teología. ¿Por qué son en general los partidos conservadores y de derecha los que por lo común no creen en el discurso de los científicos sobre el cambio climático y los liberales y de izquierda los que sí lo creen, siendo que a la postre a todos nos afectará por igual?

Sabemos que en la Edad Media la iglesia, que hoy llamaríamos ultraconservadora, persiguió a los científicos cuyas propuestas se consideraban un atentado contra la teología, la autoridad y el poder de la iglesia. Increíble pensar hoy en día que alguien fuera perseguido y ejecutado por defender la redondez de la tierra. El hecho muestra el poder que tenía la iglesia en la totalidad de la vida de las personas. ¿Este poder lo ostentan hoy los partidos políticos que sirven a los grandes capitales?

Una revista colombiana cita un informe de la ONU para afirmar que el mundo se acabará dentro de 31 años (Semana Sostenible 2019). Anuncios como este estamos acostumbrados a oírlos en boca de astrólogos, de profetas de mal agüero (no me refiero al Kun), y en películas Sci-Fi, no a leerlo en informes, revistas y artículos científicos. Uno se pregunta si estamos en una situación como la de Noé, cuando anunció algo parecido en una época de mucha corrupción y violencia (Gn 6:11-12). Pruebas de Noé no he conocido, pero de diluvios sí (Dalley 2000, 4–8) y esta vez no hay arca que pueda salvarnos.

Lo que sí hay son pueblos europeos que han declarado “emergencia climática”, personas que han decidido no volver a subirse a un avión, familias que dejaron de consumir carne de res, niños haciendo huelga, grupos sembrando árboles, pero poco logran estas acciones sin decisiones radicales de los políticos, los gobiernos y la industria (Vidal 2019). Puede ser que como en tiempos bíblicos, los profetas climatológicos estén hablando a incrédulos cuyo interés primario es lo de siempre, poder y dinero. Quizá, entonces, como los exiliados de Judá, después de la catástrofe de la invasión babilonia, que tampoco creyeron posible, los sobrevivientes reflexionarán y la humanidad tendrá un nuevo comienzo con un remanente. ¿Quién vivirá para contarlo? Por lo pronto, tenemos que hablar, exigir y actuar ya.©Milton Acosta 2019

Dalley, Stephanie. 2000. Myths from Mesopotamia: Creation, The Flood, Gilgamesh, and Others. OUP Oxford.
Semana Sostenible. 2019. “La vida de la Tierra terminaría en el 2050”. A la vida en la tierra sólo le quedan 30 años ONU. el 8 de julio de 2019. https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/a-la-vida-en-la-tierra-solo-le-quedan-30-anos-onu/44928.
Vidal, John. 2019. “Has the Politics of Climate Change Finally Reached a Tipping Point?” The Guardian, el 15 de mayo de 2019, sec. Opinion. https://www.theguardian.com/commentisfree/2019/may/15/climate-change-politics-environmental-crisis-government.

febrero 07, 2019

Entre la espada y la pared


El troleo asirio: La salvación no es gratis

Milton Acosta, PhD
La espada del imperio asirio traía pintada en la punta una carita feliz. No sabemos si el Rabsaces cargaba una libreta de apuntes a la vista de todos, si era canoso o si tenía bigote copioso, pero por los relieves asirios, suponemos que tenía el cabello largo y tal vez barba. Usaba brazaletes en la muñeca y encima de los codos. El vestido era largo hasta los tobillos, calzaba algún tipo de sandalias y al cinto la espada (Is 36-37 y 2R 18).

El imperio asirio se mete con Judá porque allí tiene intereses económicos y geopolíticos que lo fortalecerán, pero como eso no se dice y siempre es mejor parecer que se quieren ahorrar muertos, pone de fachada el interés por el bienestar de los ciudadanos oprimidos y carenciados. En ocasiones el imperio se servirá de algún lacayo mandadero bien dispuesto, ingenuo y atrevido (lo que hoy llamaríamos idiota útil, que cree que el imperio es su amigo), para comunicar el mensaje en el idioma de la gente. 

La oferta de paz es en realidad una amenaza humillante, pero ofrece una vida próspera y feliz para todos, especialmente los militares. A estos últimos les hablan de amnistía total y mejor vida; solo tienen que cambiarse de bando y ya está, cosa que los militares históricamente han hecho (2R 25:1-7). De paso se les hace saber que ningún poder celestial ni terrenal podrá defenderlos. Sabido es que los poderes de Egipto y Mesopotamia peleaban por y en la tierra de Siria-Palestina. 

La oferta de sometimiento al imperio, es decir, la amenaza, se hace en nombre de Dios y en sitio público, de manera que la difusión sea rápida y produzca dos efectos simultáneos, miedo para unos y esperanza para otros. El estanque del acueducto en Jerusalén como tarima para el discurso del Rabsaces equivale al uso de las redes sociales y la televisión hoy. Un toque de trompeta hubiera bastado para tener la atención de toda la ciudad; los chasquis se encargarían del resto del país.

El mismo cuerpo cuya boca emana el discurso de apariencia amable lleva al cinto una espada y tiene detrás un gran ejército. Para completar el cuadro, los palacios asirios estaban llenos de representaciones de guerras para que todos los vasallos en sus visitas oficiales al imperio vieran cómo el ejército asirio hacía trizas a sus enemigos. Producir estos videos tomaba años. El margen de maniobra para todas las partes (Ezequías, el ejército, los teólogos y el pueblo) es bastante limitado. El estado de sitio de la época antigua equivale a los bloqueos económicos actuales que asfixian al país más de lo que ya está por causa de los malos gobiernos y la corrupción.

Ezequías reinó a la sombra del gran imperio asirio; encima era inmaduro. Sin duda, el rey de Judá es para Asiria un reyezuelo y Judá una especie de Judazuela. Para colmo, le tocó oír el discurso de Senaquerib pasado por cinco bocas: de Senaquerib al Rabsaces, de este a Eliaquim, Joa y Sebna, y de estos tres a Ezequías. El título de Rabsaces no corresponde exactamente a duque en la realeza asira, pero sí es un funcionario importante en la jerarquía. Es cierto que Asiria no invadió a Judá después de este discurso, pero de que Judá fue exprimida no hay duda. Hasta el oro que adornaba el altar pagano que Acáz había construido en el templo de Jerusalén (2R 16:1-20) le sirvió a Ezequías para calmar momentáneamente la imparable política expansionista de Asiria. ¡Y todavía la gente cree que los templos paganos no sirven para nada! De todos modos, no fue la primera ni la última vez que Israel y Judá pagaron tributo a algún imperio y que el esplendor del templo fuera desmantelado.

Es muy probable que mucha gente en Judá se hubiera entusiasmado con el discurso del Rabsaces y sus términos. Es que el hambre la estaban pasando ellos, y en esa desesperación, no veían la espada ni el tributo en el discurso, sino la carita feliz, de cuán humana y salvadora era la mano que Asiria les tendía. A juzgar por las profecías de Oseas y Miqueas, seguramente las lealtades con Ezequías no estaban aseguradas. Pero, la ineptitud de los gobernantes de Israel no convierte a Asiria en auténtico salvador.

La situación de Judá es única en muchos sentidos, incluyendo el teológico, pero el modus operandi de los imperios no lo es. Excepciones ha habido, pero el interés de un imperio para intervenir o no intervenir territorios y gobiernos generalmente está determinado por intereses económicos y geopolíticos. Por eso la primera pregunta debe ser ¿qué trae al imperio por aquí que no lo llevó por allá?

Las reacciones ante las amenazas de los asirios fue silencio, rasgadura de vestidos, pérdida de la confianza en Ezequías y su capacidad para defenderlos, y finalmente, indignación porque los asirios habían ofendido al Dios de Israel. Falta ver qué dirá Isaías cuando le consulten qué hacer ante semejante amenaza. ¿Quién quiere ser profeta en un momento así?©Milton Acosta 2019