septiembre 17, 2007

¿Qué significa ser "evangélico"? (3)

¿Qué significa ser “evangélico”? (3)

La esencia del ser y del parecer evangélico


©2007Milton Acosta

Si uno ve un animal que tiene pico de pato y hace sonidos de un pato, y tiene patas de pato y camina como un pato, y también tiene plumas de pato y nada como un pato, lo más probable es que se trate de un pato. Pero, si el animal no tiene todas estas características, o por lo menos la mayoría, lo más probable es que sea otro animal. Esta imagen nos ayudará a entender un poco qué significa ser evangélico. No se trata de la opinión de una persona, sino de definir el movimiento a partir de sus características fundamentales desde la historia y de la teología; es decir, entender de qué y de quién somos herederos y cual es la esencia de la fe evangélica.

La conexión del protestantismo latinoamericano con los Estados Unidos nos obliga a recordar qué pasó en el norte para entender lo que ocurrió desde México hasta Chile. La presencia del protestantismo en América Latina inicia desde finales del siglo 17,[1] pero el mayor crecimiento aquí se da en el siglo 20, y más que todo en las tres últimas décadas. En la primera mitad del siglo 20 llegaron a Latinoamérica muchas misiones Protestantes, en especial del movimiento conservador llamado Fundamentalista. Este movimiento fue defensor de la fe cristiana ortodoxa en los Estados Unidos, pero con el tiempo perdió la mayoría de sus adherentes y se desencadenó otro movimiento conocido como evangélico. Así, a partir de la década del 40, muchos fundamentalistas moderados en Estados Unidos empezaron a definirse a sí mismos como evangélicos porque pensaron que había una mejor forma de enfrentar como cristianos los desafíos que planteaba la modernidad, especialmente el liberalismo teológico. El resultado: nacieron instituciones que abanderaron esta nueva forma de ser cristiano conservador y heredero de la Reforma Protestante: InterVarsity (1941), La Asociación Nacional de Evangélicos (1942), Seminario Teológico Fuller (1947), Christianity Today (1956), y la Asociación Billy Graham (década del 50).[2]

El movimiento evangélico se ve a sí mismo como heredero de la Reforma Protestante y de los movimientos de avivamiento de los siglos 18 y 19 en Gran Bretaña y Estados Unidos. El protestantismo tomó formas diversas, pero hay algunos puntos esenciales comunes. La herencia incluye por lo menos: 1) que el ser humano es salvo de la condenación por la fe en la obra salvífica de Cristo en la Cruz; 2) que Jesucristo es el clímax de la revelación de Dios; y 3) que el acceso a esta revelación es posible por medio de las Sagradas Escrituras interpretadas y predicadas con la asistencia del Espíritu Santo.

A lo anterior se añade el sacerdocio de todos los creyentes (1 Pedro 2:9). La iglesia es una comunidad donde Cristo es la cabeza (Heb.5–9) y todo creyente tiene la responsabilidad de actuar como sacerdote de su prójimo, en el sentido de apoyarlo y animarlo al amor y las buenas obras.[3] No significa, como algunos piensan, que cualquier persona, con solo creer y leer, puede ser maestro y predicador. Todos los reformadores del siglo 16 fueron personas cultivadas, conocedores de la Biblia, de la historia de la teología y de la filosofía. En casos especiales y extremos Dios puede usar a cualquier persona para comunicar su mensaje, no hay duda. Pero la norma de la Reforma es que quien enseña debe prepararse con buenos maestros y buenos libros. Al leer en la Biblia que algunos apóstoles eran personas “sin letras,” no se puede olvidar dos cosas: en primer lugar, eran judíos criados en la fe y tradiciones judías, incluyendo el Antiguo Testamento (lo cual es indispensable para comprender Nuevo Pacto); y en segundo lugar, pasaron tres años completos con Jesús recibiendo sus enseñanzas. Sí que fueron llenos del Espíritu Santo, pero si somos honestos, debemos reconocer que eso no fue todo.

La comprensión y preservación de las raíces, la esencia y la apariencia del evangelicalismo es fundamental para la continuidad de la fe Protestante, siempre y cuando conserve su enfoque histórico en el “Dios viviente de abundante gracia en Jesucristo, y viva el evangelio en transparencia moral y vitalidad espiritual.” Sólo así mantendrá el compromiso y el llamado evangélico a “ser sal y luz en el mundo secular, un refugio y hogar para todos los hijos de Dios peregrinos y arrepentidos.”[4] Negativamente, los evangélicos no somos innovadores teológicos, ni desviados de la ortodoxia, ni fundamentalistas[5] de ninguna Jihad.[6] No todas las expresiones cristianas se pueden valorar por igual, vale la pena entonces que como individuos y comunidades nos preguntemos de dónde venimos, qué somos, cómo hablamos, cómo caminamos y qué apariencia tenemos.

©2007Milton Acosta



[1]Sidney Rooy, "Las agencias misioneras en América Latina," in ¿Hacia dónde va el protestantismo?, ed. Sidney Rooy, Arturo Piedra, H. Fernando Bullón (Buenos Aires: Kairós, 2003), 73ss.

[2]Timothy R. Phillips, Dennis L. Okholm, Welcome to the family: an introduction to evangelical christianity (Wheaton, Illinois, EUA: BridgePoint, 1996), 265–267.

[3]Ibid., 266.

[4]Dougls J. W. Milne, "The father with two sons: A modern reading of Luke 15," Themelios 26, no. 3 (2001): 20.

[5]John R. W. Stott, Evangelical Truth (Downers Grove, Illinois, EUA: InterVarsity Press, 1999), 14-17.

[6]Arturo Piedra, "Lo nuevo en la realidad del protestantismo latinoamericano," in ¿Hacia dónde va el protestantismo?, ed. Sidney Rooy, Arturo Piedra, H. Fernando Bullón (Buenos Aires: Kairós, 2003), 30.


Bibligrafía

Milne, Dougls J. W. "The Father With Two Sons: A Modern Reading of Luke 15." Themelios 26, no. 3 (2001): 12-21.

Phillips, Timothy R., Dennis L. Okholm. Welcome to the family: an introduction to evangelical christianity. Wheaton, Illinois, EUA: BridgePoint, 1996.

Piedra, Arturo. "Lo nuevo en la realidad del protestantismo latinoamericano." In ¿Hacia dónde va el protestantismo?, ed. Sidney Rooy Arturo Piedra, H. Fernando Bullón, 9-33. Buenos Aires: Kairós, 2003.

Rooy, Sidney. "Las agencias misioneras en América Latina." In ¿Hacia dónde va el protestantismo?, ed. Sidney Rooy Arturo Piedra, H. Fernando Bullón, 67-100. Buenos Aires: Kairós, 2003.

Stott, John R. W. Evangelical Truth. Downers Grove, Illinois, EUA: InterVarsity Press, 1999.

septiembre 03, 2007

¿Qué significa ser "evangélico"? (2)

¿Qué significa ser “evangélico”? (2)

Individualismo, tradición y anarquía: ¿posreforma redivivus en traje posmoderno Maya?

©2007Milton Acosta

Para poder enfrentar los problemas de la iglesia evangélica en América Latina, necesitamos empezar a identificar esos problemas y a definirlos. Analicemos uno. Aparte de la megalomanía, los deseos de poder, las psicopatologías, la permanente mutación litúrgica y el exhibicionismo farandulero, el principal problema de la iglesia cristiana evangélica en América Latina es lo que se podría llamar anacronismos bíblico-teológicos causados por falta de una sana y coherente hermenéutica bíblica.

Un antropólogo describe la situación de la iglesia evangélica en Centroamérica de la siguiente manera: “El protestantismo evangélico es una ideología político-religiosa exitosa para rechazar el poder de las jerarquías civiles y religiosas. Las doctrinas protestantes fundamentalistas rechazan toda autoridad superior humana, particularmente aquellas que incluyan ideas Católicas, diciendo que cualquier persona capaz de leer la Biblia puede convertirse en su propia autoridad religiosa.”[1] Lo que ha ocurrido en la práctica, favorecido por el clima de dejar hacer y dejar pasar, es una perversión del principio protestante de la igualdad, facilitado por el acceso al texto sagrado y posibilitado por la alfabetización del continente.

Este retrato de la realidad eclesiástica evangélica Centroamericana se puede trasladar, sin mayores problemas, a toda América Latina. Nos ocuparemos en esta ocasión de la última oración: “cualquier persona capaz de leer la Biblia puede convertirse en su propia autoridad religiosa.” Esta frase pone en evidencia, en primer lugar, el individualismo: “la Biblia, Dios y yo.” Es como si la iglesia hubiera empezado al momento que la persona comienza a leer la Biblia. Antes de él o ella no ha habido interpretación ni teología bíblica que importe.

En segundo lugar, la capacidad de leer la Biblia se entiende simplemente como saber leer. Si puedo leer puedo interpretar la Biblia, predicar y hacer mi propia teología; como si leer la Biblia se tratara siempre y simplemente de leer la Biblia. Se olvida que cada texto bíblico es parte de un canon enmarcado en una revelación progresiva cuyo clímax es Jesucristo.

Y finalmente, esta persona que puede leer la Biblia termina convirtiéndose en autoridad religiosa para sí mismo y para quienes la sigan. Nuevamente, a este intérprete no le precede nada, ni se somete a nada distinto a su hermenéutica individualista y caprichosa. El texto dice lo que él o ella diga, sin importar las normas más elementales de la interpretación y sin importar dos mil años de historia del cristianismo y de teología. El resultado, como diría San Pablo, es que tenemos “diez mil pedagogos;” pero ¿tenemos un padre que nos haya engendrado por medio del evangelio (1 Cor 4:15)?

El resultado de esta forma de pensar y de actuar es una iglesia evangélica teológicamente anárquica, desconectada de toda tradición protestante digna y venerable, y en peligro de deformarse a tal punto que el evangelio de Jesucristo en ella llegue a ser irreconocible.

Aclaremos un poco más. Aparte de las supuestas “revelaciones” que algunos proclaman, una de las prácticas más comunes del individualismo interpretativo antes descrito, es la apropiación y absolutización indiscriminada de textos bíblicos sin una hermenéutica bíblica discernible. Redundancia esta con la que queremos subrayar el único principio reconocible: el capricho personal.

Un ejemplo nos ayudará a describir claramente la confusión. Es normal que un intérprete llegue al siguiente texto de Jeremías y concluya que Dios le está diciendo esas palabras a él o ella y a su congregación, que es promesa del Señor: “Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes” (Jer 15:20–21). Pero, esta misma persona acaba de pasar por el v. 13 del mismo capítulo (¡o Jer 14:11!) y no lo ha visto como promesa ni como palabra de Dios para sí, ni para su iglesia, ni su familia. Tampoco lo leerá como el anuncio de un robo en la iglesia o en la casa: “Me dijo Jehová: No ruegues por el bienestar de este pueblo… Tus riquezas y tus tesoros entregaré a la rapiña sin ningún precio, por todos tus pecados, y en todo tu territorio.” ¿Por qué uno sí y otro no? Precisamente por causa del anacronismo bíblico-teológico que conduce a la apropiación y absolutización indiscriminada de textos bíblicos sin una hermenéutica bíblica sana y coherente. Pero, y desafortunadamente, los problemas no terminan allí.

©2007Milton Acosta

[1]James W. Dow, "Introduction," en Encyclopedia of World Cultures, ed. David Levison (New York: G.K. Hall & Company, 1995), xxvii. [traducción mía]

agosto 27, 2007

¿Qué significa ser "evangélico"? (1)

¿Qué significa ser “evangélico”?

Definiciones odiosas pero indispensables

©2007Milton Acosta



El término evangélico se usa principalmente en dos sentidos, uno antiguo y otro moderno. El antiguo es el simple y llano que se deriva de la palabra Evangelio. Toda enseñanza que se desprenda tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento y sea interpretada a la luz de la vida y palabras de Jesucristo y de sus primeros seguidores, es evangélica; quien sigue esas enseñanzas es evangélico. El segundo uso proviene de los Avivamientos registrados en las Islas Británicas y en Estados Unidos durante los siglos 18 y 19. Se empezó a usar el término evangélico (evangelical) para diferenciarlo de las iglesias hijas de la Reforma Protestante del siglo 16 en Europa, que en la opinión de este movimiento estaba anquilosada; ortodoxa, pero carente de vivencia personal. De ese movimiento surgieron nuevas iglesias que luego enviaron misioneros a todo el mundo. Se llaman desde entonces “iglesias evangélicas.”

En América Latina ha habido recientemente, y gracias a la televisión, un inusitado crecimiento de caudillos espirituales que, a pesar de haber salido de iglesias evangélicas y de llamarse cristianos, evangélicos y bíblicos, promueven enseñanzas y experiencias religiosas que distan mucho del cristianismo evangélico bíblico histórico. Es decir, distan mucho de ser evangélicos tanto en el primer sentido como en el segundo. ¿En qué se distancian? En muchas cosas, pero principalmente en lo más importante: no predican el mensaje del evangelio, sino el mensaje del neoliberalismo. El mensaje, mandato y promesa del neoliberalismo es “crecerás económicamente.” Pero, al igual que en el neoliberalismo, la promesa se cumple sólo en quienes lo predican y en las excepciones que confirman la regla. La predicación del Evangelio, por los motivos que sean, deben constituirse en motivo de alegría (Fil 1:15–16); pero la predicación distorsionada del Evangelio por motivos igualmente torcidos, debe denunciarse (1 Tim 6:5; Tito 1:11; 1 Pe 5:2).

Toda predicación que prometa la eliminación de todos los males de este mundo y que “garantice” la prosperidad ilimitada como resultado de una oración, un “pacto,” y el envío de dinero, es falsa; no es el evangelio de Jesucristo por mucho que el predicador grite, brinque, agite las manos, sude y cambie de colores desde una imponente plataforma ante un público con cara de santo convencido. Por cierto, hay que decir que si las promesas que muchos predicadores proclaman a sus seguidores se hicieran por escrito y se firmaran ante notario, es decir en forma de pacto/contrato de quien certifica que su palabra es verdadera, la mayoría de estos comerciantes de almas no serían expulsados, sino metidos en la cárcel por estafadores.

La veracidad del evangelio no radica en la cultura, ni en el “consenso eclesiástico,” sino en el canon y en la interpretación de la Sagrada Escritura según la tradición. La ortodoxia evangélica es “expansiva,” pero no hasta el punto de la disolución. No podemos convertir el evangelio en una cacofonía contraria a la esencia misma del evangelio.[1]

¿Con qué derecho dice uno que esto es o no es evangélico? Tal vez podemos hablar de dos. Uno opina con el mismo derecho que opina cualquiera. Es decir, así como un predicador que funda una iglesia con evidente y vergonzoso ánimo de lucro tiene “derecho” a convertir el mensaje del evangelio en una especie de neoliberalismo espiritual y por desgracia logra atraer unos miles igualmente hambrientos de dinero, así también otro tiene derecho a decir que ese negocio no corresponde al evangelio predicado en los Evangelios bíblicos. El segundo derecho es el del orden establecido de las cosas; orden aceptado por todos en todas partes todo el tiempo. Los “límites” evangélicos son amplios y generosos, pero no son ilimitados ni están para ser inventados.

Por mucho que quisiéramos, los evangélicos, por carecer de una jerarquía y dogmas aceptados y reconocidos por todos, no tenemos el derecho de expulsar miembros como en los partidos políticos ni de excomulgar como en la Iglesia Romana. ¿De dónde los vamos a expulsar y a dónde los vamos a mandar? Sin embargo, sería el colmo que encima de no poder expulsar ni excomulgar se nos prohibiera predicar el evangelio bíblico y denunciar a quienes seducen y engañan a la gente incauta, a los faltos de juicio y a los hambrientos de dinero y poder.

¿Qué se puede y se debe hacer? Este será el tema de nuestro siguiente “Pido la Palabra.”

[1]Kevin J. Vanhoozer, The Drama of Doctrine: A Canonical-Linguistic Approach to Christian Theology (Louisville: Westminster John Knox Press, 2005), 28–30.

©2007Milton Acosta

julio 31, 2007

Dogmatismo y convicción

El papel de la pereza en la fe


En un breve tratado titulado “Mi Religión,” Don Miguel de Unamuno dijo que el dogmatismo es resultado de la pereza y que en el mundo abundan lo uno y lo otro: “Tanto los individuos como los pueblos de espíritu perezoso - y cabe pereza espiritual con muy fecundas actividades de orden económico y de otros órdenes análogos - propenden al dogmatismo, sépanlo o no lo sepan, quiéranlo o no, proponiéndose o sin proponérselo. La pereza espiritual huye de la posición crítica o escéptica.”

Nos preguntamos, ¿Debe el cristiano ser dogmático? ¿Se puede tener convicciones sin ser dogmático? ¿Fue Jesús dogmático? ¿Qué de Pablo y los apóstoles? ¿Ha habido algún buen dogmático en la historia del cristianismo? ¿Es malo ser dogmático en cuestiones de la fe? ¿Es el dogmático fundamentalista y el fundamentalista dogmático? ¿Es lo mismo ser dogmático que ser impositivo? ¿Es posible tener convicciones sin ser dogmático? Y, después de todo, ¿qué es dogmatismo?

En el cristianismo ha existido el dogmatismo sobre la fe en sí, como la existencia de Dios, la resurrección de Cristo; y sobre asuntos relacionados con la fe, como la fecha y autor de un libro bíblico, por ejemplo. La lista de dogmas se ha ido haciendo cada vez más corta. Para muchos, la opción que tomó Thomas Hobbes hace ya más de trescientos años es atractiva, el minimalismo dogmático: “basta creer que Jesús es el Cristo.”[1] Todo lo demás que lo decidan los académicos.

Por consiguiente, el dogmatismo teológico no está de moda. Hoy se prefiere hablar de “teología cristiana” antes que de “teología dogmática” o “dogmática.” Poco a poco, desde Gabler (1785) se ha ido desarrollando una creciente preferencia por la teología bíblica, por encima, y a veces en contra de los loci, la teología dogmática o sistemática o cristiana. Así pues, en la teología bíblica y en la teología narrativa de hoy parece haberse encontrado espacio para que todos puedan decir lo que quieran, menos criticar y ser dogmático. Todo se tolera, menos el dogmatismo.

Pero el asunto no es tan sencillo. Madonna le tiene prohibido a sus hijos que vean televisión. Así lo dijo en una entrevista de televisión; la televisión, aseguró la artista pop, está llena de mucha basura. Por eso, sólo le permite a sus hijos ver una película los domingos, si se portan bien.[2] Conclusión: Madonna es dogmática en sus convicciones sobre la televisión y no se avergüenza de ello. Y no está sola.

Hay otra serie de dogmatismos que la gente no solamente cree sino que nos son suministrados con la anestesia del entretenimiento por medio de la televisión y el cine: la teoría de la evolución, las bondades de la promiscuidad sexual y del sexo fuera del matrimonio, las sexualidades adicionales innatas, la delicia de la venganza, la inevitabilidad del neoliberalismo, la realidad de la reencarnación y muchas otras más. Quienes estas cosas creen son dogmáticos y son impositivos. No creer tales cosas es motivo de rechazo, burla y menosprecio. Así que el mundo tolerante escoge a quien tolerar y a quien no.

En conclusión, el problema no es ser o no ser dogmático. El asunto es en qué se es dogmático y de qué manera. Descubrimos entonces que el mundo se está convirtiendo en un lugar donde todos los dogmatismos son aceptados, menos los de la fe cristiana. Y no solamente eso, en la llamada cultura occidental se le da permiso a todos los dogmáticos a imponer sus dogmas, especialmente si van contra la fe cristiana. Las razones se encuentra en la Biblia por todas partes.

Unamuno tenía razón al decir que el que tiene pereza de pensar la fe, fácilmente cae en dogmatismos y hasta en fundamentalismos violentos. Pero el problema no es el dogmatismo en sí, sino la forma de ser dogmático. Jesús y los primeros cristianos fueron literalmente dogmáticos hasta la muerte. Pablo dijo que si Cristo no resucitó en la carne, los cristianos somos dignos de lástima. Pero la invitación a la fe no es una invitación a la pereza en el pensar, lo cual sí es cierto que abunda. La religión y la fe siempre podrán ser criticadas, pero no se le podrá pedir que deje de ser dogmática. Una fe que no es dogmática es inconcebible, es una contradicción de términos. Las convicciones sobre la fe son los dogmas; si uno los cree es dogmático. Otra cosa es el fundamentalismo, la militancia y la imposición.



[1]Henning Graf Reventlow, "Scriptural Authority (Biblical Authority in the Wake of the Enlightenment)," in The Anchor Bible Dictionary, ed. David Noel Freedman (New York: Doubleday, 1992), 1039.

[2]Maira Oliveira, "Madonna Reportedly Bans Daughter from Dating until 18," AHN, Febrero 22 2007.