octubre 15, 2014

El ausente

Milton Acosta Benítez, PhD

Las cartas de Pablo son instructivas no sólo por lo que dicen, sino también por lo que hacen. Pablo es para los tesalonicenses un pastor ausente, pero no es indiferente ni desentendido. Los pastorea desde la distancia, por correo y por medio de emisarios. Las cartas que les escribe son una muestra de su labor pastoral, una tarea que el apóstol asumió con generosidad a pesar de la adversidad. Miremos brevemente 1Ts 3.


La necesidad del cuidado pastoral

Notamos en este capítulo dos razones fundamentales por las cuales la iglesia necesita instrucción y cuidado pastoral: primero, porque el tentador puede inducirlos al mal (v. 5); y segundo, porque la fe tiene un contenido que es necesario saber (v. 10); para no ser engañados, ya que hay gente que por negocio o por ignorancia, distorsiona el evangelio.


El resultado

Este capítulo respira hermandad y cariño por todas partes. Es posible entresacar de allí por lo menos cuatro resultados del cuidado pastoral. Primero, relaciones fraternales duraderas entre los creyentes y de los creyentes con su pastor (vv. 6, 11-12); segundo, la firmeza de los creyentes en medio de la tentación y la distorsión del evangelio (vv. 8, 13); tercero, la salud espiritual del pastor cuando éste sufre padecimientos (vv. 7-10); y por último, la formación de la siguiente generación de pastores en la tarea de afianzar y animar a los creyentes (vv. 2, 5-6). Los dos capítulos anteriores de esta carta describen el fundamento de esta relación y los dos siguientes desarrollan con más detalle las instrucciones dadas aquí en el cap. 3.


Las circunstancias

Una pregunta que todo creyente debe hacerse es quién es su pastor y quiénes sus hermanos. Eso es relativamente fácil de determinar. Pastor y hermano es aquel que se preocupa por tu bienestar en presencia o en ausencia tuya o de ellos. Es decir, alguien con quien te ves regularmente y que cuando no se ven se escriben o se llaman; lo mismo que con los amigos y la familia. Si tu pastor no hace eso; si te ausentas y nadie se da cuenta, entonces no tienes pastor, nadie te cuida. De este mismo modo, el pastor sabrá quiénes son realmente sus ovejas, observando qué personas son objeto de su cuidado en presencia o en ausencia.

El pastor podrá decir “sabes que estaba ausente y mi amor no ha cambiado” (como canta Joe Arroyo en “El ausente”), pero el silencio lo dice todo. La ausencia acompañada de desatención es la prueba de que el pastor no pastorea. Algunos dirán “pero es que el Señor es mi pastor, nada me faltará”; bien, indiscutible; eso es verdad. Pero pregúntese para qué puso Dios a los pastores y ministros en la iglesia; no fue para que les dijeran a los creyentes “el Señor es tu pastor, que te pastoree él”. Si eso fuera así, hasta la Biblia sobraría.


Reflexión


La invitación de esta reflexión no es a la crítica inmisericorde contra los pastores. Tampoco se trata de hacer el experimento de perdernos de la iglesia para ver si alguien se da cuenta, como el que subió al edificio más alto para ver cómo se veía la ciudad sin él. Más bien, esta carta invita a los pastores, los líderes y los creyentes en las iglesias a preguntarse qué es ser iglesia, qué significa ser una comunidad cristiana, y a ser autocríticos, con el fin de determinar si nuestros modelos de iglesia conservan un carácter bíblico, o si se han convertido en clubes sociales, sistemas piramidales, espectáculos públicos o estructuras empresariales. El criterio: “tienen muchas ganas de vernos, como nosotros a ustedes” (v. 6).©2014Milton Acosta

octubre 08, 2014

Ilusiones



Milton Acosta Benítez, PhD

 Está demostrado por la ciencia y por la evidencia que a mucha gente en este mundo le gusta vivir de ilusiones. Y bueno, para eso están los ilusionistas. Los hay para fabricar todas las ilusiones de las que la gente vive. Desde la estética personal y la vida sentimental hasta la seguridad nacional y la economía mundial; el mundo parece moverse por la esperanza de alcanzar esa ilusión y por el miedo de perderla.

Me contaba una vez un taxista latinoamericano en Miami una parte de la historia de su vida en los Estados Unidos. Este hombre, con títulos universitarios y todo, me resumió la historia de su quiebra en estas palabras: “Una vez que ellos [los vendedores] te han creado la ilusión, tu no ves la letra menuda, no te interesa, ni haces preguntas; no escuchas a tus amigos ni a tu familia; la ilusión te deja ciego.” Me contó que tuvo un Mercedes Benz último modelo, casa en la playa y muchas otras cosas… por un tiempo. Luego se quedó sin nada, porque los bancos sí que no viven de ilusiones. O mejor dicho, de eso es que viven, pero no de las propias, sino de las de los ilusos. El Sueño Americano estará trasnochado, pero sueños no faltarán.

Las ilusiones humanas, que uno tenga de su propia iniciativa o que otro le haya creado, constituyen la fuente inagotable de riqueza para los ilusionistas, incluidos los religiosos. El argumento en ese mercado es muy sencillo: “Dios quiere darte eso que tú deseas; lo único que tienes que hacer es creer y dar esto y aquello.” El formato es siempre el mismo. Creada la ilusión que Dios va a darle eso, la persona no duda, no hace preguntas; lo entrega todo y se entrega toda; se ofende si alguien la cuestiona; dirá que es envidia, falta de fe o quién sabe qué; está embriagada en su ilusión. Es decir, lo que le pasó al taxista en un centro comercial, pasa en sitios de culto, muchos de ellos llamados “cristianos”, lamentablemente.

A los videntes les dicen: “¡No tengan más visiones!”,
 y a los profetas:
” ¡No nos sigan profetizando la verdad!
 Dígannos cosas agradables, 
profeticen ilusiones. ¡Apártense del camino, 
retírense de esta senda, 
y dejen de enfrentarnos
 con el Santo de Israel!” (Is 30:10-11)

El caso en Isaías aquí es más grande y serio que tener un kompressor o jugar con cangrejitos. Se trata de la seguridad nacional. Israel ha divinizado a Egipto y está dispuesto a pagarle por su protección.[1] La ilusión del pueblo de Dios fue creer que su seguridad y su futuro estaban determinados por la amistad con el gran imperio egipcio, no en su amistad con Dios.

Si no fuera porque el texto de Isaías no termina allí, uno diría “apaga y vámonos”, pero la misericordia de Dios es tan grande que no lo deja así. El texto de Isaías da por sentado que mucha gente prefiere la ilusión a la palabra de Dios. Pero Dios no se da por vencido aunque la gente tenga grandes planes en su contra.

Por eso el Señor los espera, para tenerles piedad;
 por eso se levanta para mostrarles compasión. 
Porque el Señor es un Dios de justicia.
 ¡Dichosos todos los que en él esperan! (Is 30:18)

Al igual que Israel en la antigüedad fue “pasillo inevitable” de los imperios,[2] así somos hoy muchos de los países latinoamericanos para las potencias económicas mundiales, pasillos. Y también lo es nuestra mente para todas las ilusiones económicas, sociológicas, políticas y teológicas trasnochadas que nos quieren meter por ojos, oídos, nariz y boca. Quizá este texto de Isaías pueda ser útil para guiar la predicación y el ministerio de la iglesia en este tiempo en nuestra tierra. A todas estas, ¡a quién no le va a gustar un Mercedes C-Class Coupe!©2014Milton Acosta



[1]Luis Alonso Schökel y José Luis Sicre, Profetas (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1980), 229.
[2]Ibid.

febrero 26, 2014

El Manual del Candidato



Lo que todo elector debe saber 
Milton Acosta, PhD
 
Muchas cosas han cambiado a lo largo de la historia, pero la forma de llevar a cabo una campaña política parece seguir siendo la misma desde antes de Cristo. No exageramos. Analice lo que sigue a continuación y dígame si no es lo mismo que vemos hoy:

1. El candidato presenta una imagen que lo haga ver fuerte y convincente.
2. La disciplina y la dedicación son fundamentales para la campaña.
3. El candidato debe tener mucha visibilidad, aparecer donde la gente lo puede encontrar.
4. Es importante tocar la fibra de las frustraciones que sufre la gente.
5. El candidato debe manifestar un interés por la región de donde es cada persona para mostrar que será un gobernante para todos, sin discriminación ni regionalismos.
6. El candidato es empático, se identifica con los problemas de la gente y les concede la razón.
7. El desprestigio del gobierno actual es fundamental.
8. Aunque nunca en su vida haya hecho nada que valga la pena, el candidato se presenta como el único que puede solucionar verdaderamente los problemas de las personas.
9. El candidato se iguala a la gente para que lo sientan como uno de ellos, del pueblo.
10. El cariño del candidato debe ser evidente.
11. El candidato debe llegar a la mayor cantidad de gente posible con el fin de alcanzar una base amplia de apoyo.
12. Y por último, se logra el resultado anhelado, el político se gana el cariño y el apoyo de la gente.

Estos doce componentes que acabamos de enunciar describen la campaña proselitista de Absalón, como la registra la Biblia en apenas seis versículos; es exactamente igual a lo que hacen los políticos hoy en día. Aparentemente siempre ha funcionado. Impresiona la brevedad del relato bíblico, que prácticamente es el manual universal de todo político en campaña:

Pasado algún tiempo, Absalón consiguió carros de combate, algunos caballos y una escolta de cincuenta soldados.  Se levantaba temprano y se ponía a la vera del camino, junto a la entrada de la ciudad. Cuando pasaba alguien que iba a ver al rey para que le resolviera un pleito, Absalón lo llamaba y le preguntaba de qué pueblo venía. Aquél le decía de qué tribu israelita era, y Absalón le aseguraba: “Tu demanda es muy justa, pero no habrá quien te escuche de parte del rey.”  En seguida añadía: “¡Ojalá me pusieran por juez en el país! Todo el que tuviera un pleito o una demanda vendría a mí, y yo le haría justicia.” Además de esto, si alguien se le acercaba para inclinarse ante él, Absalón le tendía los brazos, lo abrazaba y lo saludaba con un beso.  Esto hacía Absalón con todos los israelitas que iban a ver al rey para que les resolviera algún asunto, y así fue ganándose el cariño del pueblo.
2 Samuel 15:1-6 (NVI)

Cuando lleguen las elecciones, cuídese de tanto Absalón que anda por ahí; vote por hechos y verdades, no por imagen y banalidades. Y si está buscando una iglesia cristiana, asegúrese que el ministro tampoco haya estudiado con el manual de Absalón.©2014Milton Acosta