marzo 08, 2010

Cien Prepucios de Filisteos

Extraña dote

Milton Acosta, PhD

En 1989, estando yo estudiando en Estados Unidos, un compañero mío de Uganda dedicaba sus vacaciones a trabajar como una bestia porque necesitaba completar el dinero con el que compraría unos chivos que tenía que entregar como dote a los padres de su novia para que ésta le fuera entregada como esposa. Curiosa costumbre, pensé yo. En nuestra cultura no existe eso.[1] Algunos a duras penas se gastan un helado y una ida a cine, y ya se creen con plenos derechos conyugales sobre la novia.

Lo del chivo puede sonar extraño, pero ¿se puede imaginar usted una dote que se paga en prepucios? ¿Sabe lo que es un prepucio? Sin duda que los tiempos pasados eran diferentes; muy diferentes. Pero ¿pagar una dote de cien prepucios[2] de filisteos por una mujer y después incluir el dato en un reclamo como si fuera gran cosa (2S 3:14)? ¡Eso es el colmo! Sí; pero eso hizo David, el rey de Israel. A David le pareció una gran idea y le entregó a Saúl cien prepucios de filisteos para recibir a Mical como esposa (1S 18:20–30). Sin duda eran otros tiempos, ¿pero David, el gran rey por quien tanta tinta narrativa y teológica se ha vertido en la Biblia? Que lo haga Sansón, bueno, ¿pero David?

Sea como fuere, para que se puedan coleccionar cien prepucios de filisteos o de cualquier grupo étnico, existen dos requisitos principales; en primer lugar, que los intervenidos no hayan sido circuncidados antes; y en segundo lugar que la donación del prepucio no sea voluntaria. Y por qué prepucios, se preguntará usted. Las razones son puramente pragmáticas: como prueba de los muertos, son más cómodos de cargar (a diferencia de cabezas, por ejemplo), fáciles de contar (sobre todo si se ensartan en una cuerda no muy gruesa), y no se puede hacer trampa (a diferencia de orejas o dedos).

Uno podría decir “¡Qué tipos tan salvajes los de esos tiempos!” Pero no se apresure; el asunto no es tan sencillo. Los seres humanos seguimos siendo los mismos; lo que han cambiado son las armas. Las armas actuales eliminan el contacto cuerpo a cuerpo entre quien oprime el botón o el gatillo y quien recibe el impacto. Pero el destrozo a la humanidad del impactado es mucho peor hoy que antes. Las armas actuales son más devastadoras en todo sentido; matan más gente de un solo golpe y los muertos quedan más destrozados. Así que si de salvajismo se trata, hoy somos más salvajes.

Tampoco debemos olvidar las historias de motosierras y descuartizamientos de enemigos que se ven hasta la fecha en el mundo, incluyendo repetidos y muy lamentables casos en América Latina, generalmente relacionados con el narcotráfico. Entre algunos, estos hechos atroces son actos de heroísmo; y se entiende, si viene de gente deshumanizada y animalizada. Por cierto, estas guerras se libran entre organizaciones y con armas financiadas principalmente con dineros provenientes de los países “desarrollados”, “avanzados” y de mucha “cultura”; no se nos olvide.

Ninguno de estos dos jabones (armas devastadoras, motosierra) podrán desmanchar las manos ni las ropas de David. El problema para el lector de la Biblia es que allí se cuente como hazaña que alguien mate cien hombres, los circuncide, y así gane una apuesta porque él es el vivo y su contendor el bobo.

Ahora pensemos, si es una dote, ¿qué puede hacer Saúl con cien prepucios? Pues nada; la idea es que son cien filisteos enemigos menos. Cien prepucios podría ser una expresión equivalente a “maté cien filisteos”; lo cual tampoco es que sea más amable que cortarles los cien prepucios. Pero en el texto no se presenta como expresión idiomática, sino como hecho.

¿Qué hacemos con una historia tan extraña, tan cruel, pero al mismo tiempo humorística y heroica? ¿Son meras historias de folklore picaresco? ¿Se equivocaron actores y narradores? ¿Podemos afirmar que no eran menos humanos que nosotros y por lo tanto hijos de su época incluyendo las formas de la violencia? ¿Patrocina la Biblia la violencia? ¿Cambiamos corte de prepucios por balazos y bombazos y seguimos campantes y orondos? Continuará . . .

©2010Milton Acosta

[1]Una excepción que conozco en Colombia son los Wayúu de La Guajira, al norte del país. También entregan chivos o vacas. No se trata de comprar la novia, sino de dar un regalo a la familia. En algunas culturas no se puede desconocer el elemento económico puesto que al perderse un miembro de la familia se pierde mano de obra productiva.

[2]¡En la Septuaginta son 200!


3 comentarios:

FREDDY F. PEREIRA L. dijo...

Hombre ke buen artikulo....

Anónimo dijo...

Casi pero no, realmente no era por comprobar los muertos, en el Génesis, dios hace un pacto con Abraham, y el sello del pacto, son los prepucios de cada niño varón, se utilizó en toda la biblia como confirmación del pacto de dios con los hombres, incluyendo, la "gran celebración religiosa y morbosa" del día de la circunsicion de jesus)al igual david debió conseguirle a dios como perdón por usar el arca, 200 prepucios y 200 tumores o hemorroides, de los pobres filisteos, para que? en la biblia lo dice, como olor agradable a jehova... que tal???

Anónimo dijo...

LOS 100 PREPUCIOS FILISTEOS
Por Ivo Rijo 30/9/2015
Ivorijo@yahoo.es

Capítulos 17 y 18 de 1Samuel

La recompensa prometida por Saúl al israelita que matara al gigante Goliat era darle su hija como esposa, (1S.17:25). La costumbre Judía establecía que el orden en que debían darse las hijas en casamiento era de mayor a menor, (Gn. 29:23-26). En consecuencia, después de David matar a Goliat, Merab, la hija mayor de Saúl, debía contraer matrimonio con éste, (1S.18:17). En el trayecto desde el campo de batalla, las gloria dadas al pastorcito de ovejas David fueron mayores que las dadas al rey Saúl y éste se llenó de celos; lo cual le abrió la puerta a un espíritu malo que cambió los planes de bien que tenía Saúl hacia David en planes de muerte, (1S.18:6-9).
Inicialmente, en un arranque de ira, Saúl intentó matarlo con sus propias manos sin medir las consecuencias, (1S.18:11). Ahora bien, pasado ese impulso descontrolado y al ver que todo Israel y Judá amaba a David, Saúl sopesó las implicaciones políticas que desencadenarían la muerte de David en tales circunstancias. Entendió que si lo mataba con sus propias manos el pueblo se rebelaría contra él, afectando gravemente la gobernabilidad en su reino y la estabilidad social de la población, (1S.18:15-16).
Resolver tal conflicto de intereses, es decir: Matar a David sin poner en peligro la gobernabilidad del reino y la estabilidad social de la población, requería de un movimiento astuto y audaz. Como estrategia para matar a David por manos de los filisteos, Saúl entregó a Merab la hija mayor por mujer a Adriel hijo de Barzilai meholatita y en sustitución, Mical la hija menor fue dada por mujer a David, a fin de que ésta le fuera por lazo y con el objetivo ulterior de que David muriera a manos de los filisteos, (1S.18:20-21).
¿Cómo podría Saúl utilizar a Mical para que los filisteos mataran a David?
La respuesta la encontramos al leer: “Y Saúl dijo: Decid así a David: El rey no desea la dote, sino cien prepucios de filisteos, para que sea tomada venganza de los enemigos del rey. Pero Saúl pensaba hacer caer a David en manos de los filisteos.” (1S.18:25).
David no se sentía merecedor de casarse con una hija del rey Saúl porque tenía una autoestima muy baja, (1S.18:18) y según él, era un hombre pobre, (1S.18:23). Cuando los siervos de Saúl le informaron cómo David se menospreciaba a sí mismo, aprovechó esa coyuntura para romper astutamente la costumbre judía de pedir una dote económica por su hija, (Gn. 34:12; Éx. 22:17). En cambio, mandó sus siervos a que le dijeran a David que le bastaba con que le entregara cien prepucios de los temidos enemigos de Israel llamados filisteos, (1S.18:25). Al eliminar ese requisito económico que David no podía cumplir por su alegada condición de pobreza y sustituirlo por un requisito que sí era capaz de cumplir por su condición de guerrero probado en el campo de batalla frente a Goliat, David aceptó el reto sin bacilar y lo cumplió antes del plazo acordado, frustrando así la trama de Saúl y causando que éste le temiera aún más. (1S.18:26-30).
CONCLUSIÓN
1. Saúl intentó matar a David con sus propias manos, (1S.18:11)
2. Al ver Saúl que todo Israel y Judá amaban a David, entendió que si lo mataba con sus propias manos el pueblo se rebelaría contra él, (1S.18:15-16).
3. Para resolver ese problema intentó matarlo usando indirectamente la mano de los enemigos de Israel al pedirle a David cien prepucios filisteos y no la dote correspondiente a las vírgenes. (1S.18:25; Éx. 22:17).