Pido la Palabra

Biblia y Teología para la iglesia evangélica en América Latina

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Nombre: Milton Acosta
Lugar: Colombia

Profesor de Antiguo Testamento en la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia (www.unisbc.edu.co)-- M.A. Wheaton College Graduate School-- Ph.D. Trinity Evangelical Divinity School (Antiguo Testamento)-- macosta@unisbc.edu.co

junio 10, 2009

Tan bien que íbamos [2]

¿Sábe quién o qué  lo estorba?

Milton Acosta, PhD

 

Gálatas ilustra la experiencia de la conversión individual y grupal desde diversos puntos de vista. Iban tan bien, pero les cayó una avalancha de presiones aplastantes: “Ustedes estaban corriendo bien. ¿Quién los estorbó para que dejaran de obedecer a la verdad?” (5:7). El estorbo para la fe en Jesucristo viene de varias direcciones. Interviene la sociología, la psicología y la teología.

Lo primero es la presión social, cultural y religiosa. Dicho en pocas palabras: la cultura mayoritaria o el grupo al que uno pertenece no acepta fácilmente el cambio ni que alguien sea diferente. La estudiante sobresaliente es “Einstein 2”; el joven casto y honesto es “el santurrón”; el empleado responsable “el lambón”. Por eso, la tendencia de todos es a conformarnos y amoldarnos.

Hay dos ilustraciones en Gálatas. Unos tipos se infiltraron en la comunidad de Galacia para espiarlos y hacerlos volver a las prácticas religiosas anteriores a Cristo. Es posible que algunas de estas personas eran peligrosas (2 Cor 11:26). Pablo mismo había sido un “caza-cristianos” (Gal 1:13–14). Se los llama “espías de la libertad” a los “falsos hermanos” que pretendían obligar a los cristianos a seguir practicando las obras de la ley y así impedirles disfrutar su nueva libertad en Cristo (Gal 2:4). Acusan a Pablo en Jerusalén de ir contra las creencias de los judíos; dicen que Pablo está enseñando “a todos los judíos entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones” (Hch 21:21). La identidad religiosa y cultural moldeada por siglos de historia y mantenida por las instituciones y la presión social se ve ahora amenazada. La reacción de los judíos muestra que son humanos, no que sean peores que los demás.

Algunos adultos nos burlamos de los jóvenes diciendo, por ejemplo, que la definición de adolescentes es: “personas que para ser diferentes se visten todos iguales.” Suena chistoso, pero los adultos también presionamos y somos presionados para vivir, vestir, tener y hablar lo que nuestro círculo dicta. Nos toca esperar hasta los 70 para volver a ser auténticos.

El segundo ejemplo de la presión sociológica en Gálatas está en un desacuerdo de apóstoles. Pablo confronta a Pedro “porque antes de venir algunos de parte de Jacobo, él comía con los gentiles, pero cuando vinieron [los judaizantes], empezó a retraerse y apartarse, porque temía a los de la circuncisión” (Gal 2:12). Para Pablo tal comportamiento es hipocresía contagiosa. Pedro se dejó llevar por la presión y se unió al coro de quienes querían obligar a los gentiles a cumplir con las obras de la ley para ser salvos. Es decir, Pedro bailaba al son social que le tocaban.

Las tradiciones religiosas y sociales antiguas pueden cambiar, pero no sin crisis. La presión social hace que las formas de pensar y de ser se mantengan. Existe  una razón sociológica para ello: garantizan estabilidad social.[1] La conversión implica abandono de muchos órdenes.

¿Y qué le importa a uno la presión social? Sí importa, y mucho. La persona que “se sale” del grupo al que ha pertenecido también corre el riesgo del ostracismo (aislamiento) y la pérdida de privilegios sociales. Ocurre una especie de exilio social sin desplazamiento geográfico.[2] En el siglo primero los judíos temen que los expulsen de la sinagoga (Jn 7:13; 9:22; 12:37–43; 16:2; 19:38; 20:19).[3] Jesús se lo advirtió a sus seguidores (Lc 12:9) porque la presión social es extremadamente fuerte. A la hora de la aceptación y el reconocimiento, los seres humanos tenemos la tendencia a preferir la gloria del hombre por encima de la gloria de Dios. ¿Le suena familiar?   Continuará . . .


[1]Jaques Ellul, What I Believe, trad. Geoffrey W. Bromley (Grand Rapids, Michigan, EEUUA: Eerdmans, 1989), 111.

[2]Donald K. Smith, "Individualism and Collectivism," en Evangelical Dictionary of World Missions, ed. A. Scott Moreau (Grand Rapids, Michigan, EEUUA: Baker Book House, 2008), 487. Como muestra el Nuevo Testamento, ocurre tanto con la conversión de individuos como con la conversión de grupos.

[3]W. R. Telford, The Theology of the Gospel of Mark (Cambridge: Cambridge University Press, 1999), 116. Se podrá debatir la cronología y quiénes tenían el poder para expulsar a quién de la sinagoga en su momento, pero el hecho es que el temor existía porque se hacía. Pero nuevamente, hay que decir que los judíos aquí están procediendo como seres humanos que son.

mayo 29, 2009

Tan bien que íbamos [1]

¡Tan bien que íbamos! [1]

Si ya es libre, ¿para qué quiere ser esclavo?

Milton Acosta, PhD

 

La conversión no tiene reversa. Quien ha conocido la gracia de Dios y humildemente ha reconocido que es pecador y necesitado de la cruz de Cristo, ha tomado una decisión para toda la vida. No puede retroceder jamás ni rendirse nunca. Sin embargo, los cristianos padecen presiones y persecuciones que están en ocasiones determinadas por la radicalidad de la conversión y por la intolerancia de quienes les rodean. Hay presiones de todo tipo: sociales, psicológicas y hasta serias amenazas. Los primeros cristianos fueron presionados en diversos momentos y a veces perseguidos para que no siguieran a Cristo o para que lo siguieran, pero sin abandonar del todo su antigua religión fuera el judaísmo en cualquiera de sus formas o el paganismo, también en cualquiera de sus formas. Un grupo que fue presionado a que siguieran a Cristo, pero manteniendo las normas del judaísmo, fue los gálatas;  por eso Pablo les escribe la llamada Carta del Apóstol Pablo a los Gálatas.

Además de que el asunto reviste unos problemas teológicos y personales extremadamente serios, Pablo está tan sorprendido con el aparente retroceso de los gálatas que varias veces en la carta vuelve al mismo punto, primero con una afirmación un tanto sarcástica y después con una sarta de preguntas: “estoy maravillado” (1:6), “¿quién los ha fascinado?” (3:1) “¿tan insensatos son?” (3:3) “¿tanto sufrir para nada?” (3:4) “¿cómo es que quieren regresar?” (4:9) “¿qué pasó con toda la bendición que experimentaron?” (4:15) “¿quién los estorbó?” (5:7).

Esta forma de escribir, nada improvisada por cierto, ha sido objeto de muchos estudios académicos; se le llama la retórica de Pablo.[1] El análisis retórico quiere averiguar qué estrategias comunicativas usa el apóstol para persuadir a los gálatas para que se den cuenta de algo y para que hagan algo. El tono y la insistencia de Pablo en el rosario de interrogaciones refleja por lo menos cuatro cosas: frustración, confianza, autoridad y amor.

Como nos interesa concentrarnos más en la frustración, digamos primero algo de los tres últimos. Pablo escribe todo lo que escribe porque quiere que sus lectores se acerquen a Dios, que lo conozcan, que no vivan en engaño. Esta carta a los gálatas en particular, también refleja que Pablo tiene mucha confianza con esta gente y que ellos también lo quieren a él (4:12–16). Por eso la carta está llena de tantas notas personales.

Del amor y la confianza nace la autoridad de Pablo hacia los gálatas. No es cuestión de ser apóstol y mostrar todos los pergaminos solamente. De hecho Pablo lo hace cuando tiene que hacerlo, pero en el contexto de una relación de hermanos. En términos humanos muy reales, Pablo ha sufrido mucho por esta gente con tal de que ellos conozcan el evangelio de Jesucristo.

En este contexto de amor, autoridad y confianza es que Pablo expresa sus frustraciones a los gálatas. Y lo hace con vigor, con insistencia, sin ambigüedades y con tono irónico; hasta sarcástico es en algunos momentos. Pero bueno, ¿qué es lo que tiene tan frustrado, perplejo y maravillado al apóstol Pablo? Sencillo: que los gálatas, después de haber experimentado la gracia de Dios para la justificación por medio de Jesucristo, ahora se dejen seducir de gente que dice que hay que practicar las obras de la ley para poder ser justificado delante de Dios. Dicho así parece sencillo, pero en realidad, como veremos, el asunto es bastante complejo.

Continuará . . .
©2009Milton Acosta

[1]Hay muchos otros lugares donde se puede observar las estrategias retóricas de Pablo, en algunos casos con preguntas (Rom 2:17–24; 10:14–20; 1Cor 12:26–31; 13:1–13; 2 Cor 6:15–16; 10:12; 12:16–18; Gal 1:10; 2 Tim 3:1–7). Sin embargo se debe notar que, aunque Pablo se sirve de los recursos provistos por la lengua para argumentar, también afirma que el poder del mensaje del evangelio no está en la sabiduría humana ni en la retórica (1Cor 2:1–15). 

abril 13, 2009

Apocalipsis Now [2]

Apocalipsis Now [2]

Entre la desesperanza y la alegría

Milton Acosta, PhD

Ezequiel profetizó a judíos que probablemente excavaban canales de irrigación para Babilonia, el imperio de turno.[1] ¿De qué manera da esperanza una visión apocalíptica a un exiliado? Junto con la desaparición del reino del norte, el exilio de los judíos en Babilonia es el hecho histórico más devastador para la identidad de ese pueblo en el Antiguo Testamento. No se fueron todos, ni se quedaron exiliados por siempre, pero el testimonio bíblico refleja un insoportable sentido de pérdida, desorientación y desesperanza. Sin embargo, precisamente estas circunstancias se convirtieron en terreno fértil para una gran cosecha teológica y literaria, parte de la cual es precisamente la literatura apocalíptica.

Hay dos condiciones mínimas para que lo visto por Ezequiel tenga sentido para un exiliado del siglo sexto a.C. y para cualquier creyente en situación de abandono: (1) familiaridad con las imágenes y (2) con los referentes de dichas imágenes: la majestad de Dios y a la acción de Dios en la tierra y en la historia. Si falta lo primero, las imágenes se hacen presa del capricho, la especulación infundada hasta quedar distorsionadas e irreconocibles; si falta lo segundo, es decir, si Dios realmente no hace nada, quedan en ridículo el profeta y quienes tales historias creen y cuentan. No se trata ni de monstruos inventados por mentes primitivas pre-científicas, ni de gente que se consolaba con cuentos raros sabiendo que Dios ni ha hecho ni va a hacer nada por ellos. En otras palabras, la apocalíptica “funciona” si se entienden las imágenes y si se tiene la convicción de la acción de Dios aquí y ahora. Por eso es fundamental esta literatura en momentos críticos de la historia del pueblo de Dios. La “visión apocalíptica de la historia”, dice von Rad, “quiere ser también un mensaje directo, en una situación histórica concreta.”[2]

Los cuatro seres de Ezequiel 1, con sus cuatro rostros y tantas alas apuntan a los cuatro puntos cardinales o “esquinas de la tierra” o los cuatro vientos. La visión declara que este Dios es adorado por las cuatro criaturas, que es soberano sobre toda la tierra y en todas partes. Su presencia está en todos lados, literalmente como un rayo.[3] Las imágenes son altamente significativas para el sacerdote judío exiliado en Babilonia. Mientras el exilio es derrota, ausencia y abandono de Dios, fin de las instituciones que alimentan la fe y la esperanza, la visión de Ezequiel es todo lo contrario: no estamos perdidos, Dios está presente ¡hasta en Babilonia!, no nos abandona, sigue reinando en su trono sobre la tierra y en su gloria indescriptible lo acompañan sus siervos celestiales.

Como lo muestra el relato que hace Ezequiel de su visión, el profeta está muy impresionado con lo que vio. Apenas si puede describirlo. Todo es “como”, “semejante a”, “como figura de”. El mensaje para los exiliados no es de terror sino todo lo contrario, de esperanza. Para ellos era claro, son las imágenes de su mundo utilizadas y expresadas en su lenguaje. A ambas se puede acercar el creyente hoy para ver de qué manera recibe esperanza en estos tiempos cuando muchos vivimos exiliados o como exiliados y sentimos que Dios nos ha abandonado. Así pues, a nadie le vendría bien un poco de apocalipsis de vez en cuando.

Como Ezequiel 1, el salmo 97 contiene nubarrones, fuego, relámpagos, trono y truenos; además, el salmo 97 pareciera explicar en sus 12 versículos qué significa todo eso, como lo hace Ezequiel en sus 48 capítulos. El marco literario del salmo (vv.1 y 12) es la alegría. Así, la majestuosidad de Dios, con truenos y todo, es para el creyente motivo de alegría. En el interior del salmo 97 y de todo el libro de Ezequiel están las razones para la alegría: Dios es recto y justo, no tiene enemigo que le dé la talla (incluyendo Babilonia y todas sus réplicas), ama a los justos y protege a sus fieles.

Eso entendió Ezequiel; pero como muestra su libro, no fue de un solo golpe. Necesitó pensar y meditar en lo que había visto, requirió explicaciones, para luego hablarle a unos exiliados cargados de derrota, desilusión y abandono de Dios. Eso hace la apocalíptica: dar esperanza a marginados, extranjeros, desplazados y desubicados. Los imperios de maldad caen y seguirán cayendo, mientras Dios permanece sentado en su trono y muy pendiente de la justicia en la tierra.[4] De ahí la importancia de la apocalíptica hoy.
©2009Milton Acosta

[1]Véase John Ahn, "Psalm 137: Complex communal laments," Journal of Biblical Literature 127, no. 2 (2008): 268; Rainer Albertz, Israel in Exile. Trad. David Green (Atlanta, Georgia, EEUUA: Society of Biblical Literature, 2003), 100; William M. Schniedewind, How the Bible became a book: the textualization of ancient Israel (New York: Cambridge, 2004), 157.

[2]Gerhard von Rad, Teología del Antiguo Testamento, I. Trans. Victorino Martín Sánchez (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1969), 213.

[3]Detalles en Christopher J. H. Wright, The message of Ezekiel (Downers Grove, Illinois, Estados Unidos: InterVarsity Press, 2001), 47–50.

[4]Véase J. J. M. Roberts, "The enthronement of Yhwh and David: The abiding theological significance of the kingship language of the Psalms," The Catholic Biblical Quarterly 64 (2002).

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