octubre 01, 2007

Entierro de Burro

Entierro de Burro

Sin vergüenza de vivo, vergüenza de muerto

©2007Milton Acosta

Josías fue uno de los grandes reformadores en la historia de la monarquía de Judá. Sin embargo, murió de una forma desafortunada, por meterse en una guerra donde no lo habían llamado. Es probable que Josías haya sobredimensionado su éxito como reformador religioso y se extendió más allá de lo necesario y, evidentemente, de lo posible. Con todo, hubo duelo nacional y fue sepultado dignamente (2 Crónicas 35:19–27 ). Jeremías afirma que Josías conoció a Dios porque en la Biblia, practicar la justicia, la rectitud, y la defensa de los derechos de la población más vulnerable es una de las expresiones más importantes del conocimiento de Dios; más importante que cantar o asistir a las actividades religiosas, aunque sin negarlas (cp. Lucas 11:42). Sus hijos, en cambio, fueron una vergüenza.

Los capítulos 22–23 de Jeremías contienen profecías contra reyes y profetas. El cap. 22 se dirige a los hijos de Josías. No se les pegó nada de lo bueno de su padre, la justicia, la rectitud, la defensa de los derechos de la población más vulnerable. Los hijos de Josías hicieron todo lo contrario de su padre; es decir, de un palo salió otra astilla; los hijos del tigre no salieron pintados. Muerto Josías, todas sus reformas y los cambios religiosos y sociales se fueron al traste; y esto gracias, en parte, a los hijos que lo sucedieron.

Joacím era uno de los hijos de Josías, que reinó después de su hermano Joacaz. Por su mala conducta, Jeremías le anuncia que saldrá de la tierra y que tendrá un final vergonzoso: se le dará entierro de burro. La razón es clara y contundente: se dedicó a hacer exactamente lo contrario de lo que dice la Ley y de lo que había hecho su padre. Se enriqueció injustamente y permitió que otros también lo hicieran: pagó salarios de hambre, construyó casas hermosas con ganancias injustas, derramó sangre inocente, practicó la violencia y la opresión; en una palabra, tenía el corazón torcido. Por esta razón el profeta le advierte que su sepelio será como el de un asno. Esto sorprende, no sólo por la cómica dureza del entierro prometido y por el exagerado contraste con la vida de opulencia y extravagancia que llevaba, gracias a lo ladrón que era, sino porque se trata de un rey de la dinastía davídica. El tema del entierro es muy importante para los reyes (cp. Isa 14: 19–20; 1 Sam 31), de ahí la fuerza de la palabra profética.

El entierro de un burro es bastante sencillo: lo arrastran y lo tiran fuera de la ciudad (Jer 22:19). En otras palabras no es ningún entierro. De modo pues que Joacím no tendrá un entierro como tampoco lo tienen los burros. ¿Con cuál de sus lujosos vestidos se emperifollaría para la ocasión? La punzante sátira seguramente no le ayudaba a Jeremías a ganar amigos por mucho que quisiera influir en las decisiones de los reyes. Por tanto, no sorprende que Jeremías fuera perseguido (Jer 26:20–23; 36:1–32). Ahora, que en ciertos gremios sea común el insulto como trato normal y hasta como expresión de cariño, no significa que en la Biblia también lo sea. Cuando Jeremías le dice al rey Joacím que va a tener entierro de burro está tocando uno de las dignidades importantes de la monarquía, el protocolo del entierro y del duelo.

No tenemos en la Biblia las circunstancias de la muerte y entierro de Joacím. Jeremías (36:6, 30) parece indicar que Joacím fue exiliado en Babilonia. ¿ O fue asesinado antes de la invasión o por las tropas invasoras de Babilonia entre 598 y 597 a.C.? Que esta profecía se haya cumplido literalmente o no, en realidad importa poco. Además, tampoco es seguro que la intención de Jeremías sea la lectura literalista de una profecía cuyo cumplimiento se espera. No debemos olvidar que se trata de una sátira, de un mordaz insulto chistoso. Lo que importa en este caso más bien es que a los malos gobernantes se les debe recordar como fueron, malos. No se puede recordar como digno gobernante a quien no lo ha sido. Esos sentimientos de “pobrecito el muerto” hacen que perdamos la dignidad del recuerdo acorde con la realidad. Lo cual a su vez indica, en contra de la posmodernidad, que sí es importante recordar cómo fueron los gobiernos de manera que aprendamos las lecciones y no repitamos los mismos errores al elegir y al tolerar. Es decir, sí importa conocer la realidad hasta donde se pueda para no vivir de recuerdos inexistentes (2 Cor 5:10). En la Biblia, los gobernantes, crean en Dios o no, tienen responsabilidades específicas por las que serán juzgados. La medida no es su propia conciencia ni la de su partido, ni creerse mejor que sus predecesores, sino la práctica de la justicia en los términos de Dios.

Por otro lado, el caso de Jeremías nos muestra que en la Biblia, la profesión profética es profesión peligro. Los temas principales de los profetas son la justicia y la salvación presente y futura. No se trata de actividad glamorosa ni de jerarquías y dominios como algunos equivocadamente y para beneficio propio se la imaginan y pretenden practicar. La profecía surgió en tiempos de crisis para corregir los vicios y pecados de la sociedad y de sus gobernantes. Los falsos profetas son los que se dedican a anunciar grandes bendiciones porque con ese anuncio garantizan su empleo y una vida como la de Joacím, porque sirven a otro dios.

©2007Milton Acosta

No hay comentarios.: