octubre 18, 2010

Jonás la Serie--Temporada 2010--"No sonreiré para esta foto"

Primer Episodio: Huir, Dormir, Callar
Milton Acosta, PhD


Las fotos y los videos muestran cómo éramos y qué hicimos en un momento de nuestra vida. ¿Tienes una foto que no te gusta en algún documento de identidad? ¿Han circulado tus amigos fotos en Facebook donde no quedaste bien? ¿Has visto el video de Evo Morales propinándole un rodillazo a un contrario en un partido de fútbol? Por mucho que insistamos en dar explicaciones, ahí está la evidencia de ese momento. Quisiera proponer algo así para el libro de Jonás. Queremos entender por qué salió así el profeta Jonás en este retrato literario que nos presenta la Biblia.
A Jonás no se le llama “profeta” en el libro que lleva su nombre. Quizá porque en el libro, Jonás no se portó como un profeta; peor aún, Jonás es el antagonista de Dios. Fuera del libro de Jonás, sí se le llama profeta (2R 14:25; Mt 12:39).
Cuando recibe su comisión de ir a predicarles a los ninivitas, Jonás no hace como otros profetas que se excusaron ante Dios diciendo que eran niños, que no sabían hablar, que buscaran a otro (Moisés, Ex 4:10; Jeremías, Jr 1:6). Jonás simplemente sale disparado en la dirección contraria a donde Dios lo mandó. No discute, no pelea, no se hace el modesto, no dice una sola palabra. Jonás simplemente huye.
Al final del libro, él mismo dice por qué no quiere predicarles a los ninivitas: sabe que Dios puede perdonarlos. Lo que el libro no dice es por qué Jonás no tolera que Dios tenga misericordia de Nínive.
Nínive es pueblo pagano y lejano. Aquí hay una gran diferencia con respecto a los demás profetas. Una cosa es predicarles a quienes creen en el mismo Dios, y otra predicarle a los paganos; una cosa es predicar localmente, y otra muy distinta dejar todo para irse a tierras desconocidas.
Sin embargo, Jonás no tiene problemas con los viajes ni con los paganos en general. Hasta parece viajero frecuente con muchas millas náuticas acumuladas. El solo viaje en barco asustaría a más de uno. Jonás, en cambio, en medio de una tormenta en alta mar, se siente como si su mamá lo estuviera meciendo en la cuna: duerme plácida y profundamente; nada mejor para recordar el tierno amor de mamá que dormir en un barco en medio de una gran tormenta. ¿No te parece tierno? Cuando lo despiertan, Jonás es capaz de conservar la calma y conversar con los paganos; tendrá sus sentimientos contra ellos, como veremos, pero es un hombre civilizado. ¿Cuál es entonces el problema de Jonás con Nínive?
Nínive no es solamente lejano y pagano; es pueblo enemigo. Jonás será profeta, pero también es humano. Una cosa es para un profeta predicarle a su propio pueblo, y otra predicarles a los enemigos; una cosa es predicar la destrucción inminente de los enemigos y otra muy distinta predicarle al enemigo para que se salve de la destrucción. De modo que el mar emocional que Jonás tiene que navegar es tan turbulento como la tormenta que azota al barco. Dios le ha pedido a Jonás que realice un viaje imposible.
El problema es pues mucho más grande que el etnocentrismo y la exclusividad. Pero este problema no se ve en el libro; Nínive se presenta como una “gran ciudad”, con gente necesitada de salvación y de perdón. Sin embargo, para el israelita Nínive es otra cosa. Es el imperio enemigo cruel y despiadado que sólo merece el castigo divino y el exterminio. Ese es el problema de Jonás; un problema que aparece mucho antes del exilio.[1] Así lo exige la coherencia narrativa del libro.
Los asirios son poderosos, crueles y arrogantes. Sometieron un pueblo tras otro hasta convertirse en el imperio que dominó el Medio oriente por varios siglos. Los grandes museos del mundo están llenos de textos, monumentos, relieves y artefactos donde Asiria despliega el trato a sus enemigos: cortan manos, pies, cabezas y los exhiben como trofeos para que todos sus enemigos vean y teman; con este terrorismo psicológico comunican que las amenazas del imperio no son retórica vacía; hay que someterse.
Nahum, otro profeta, no puso resistencia cuando Dios lo mandó a predicar contra Nínive. La caída de Asiria es la fiesta de los oprimidos, incluyendo a Israel. Es mucho más fácil ser Nahúm que ser Jonás. Por eso a Jonás no le queda más remedio que huir, dormir y callar.©2010Milton Acosta
Próximo episodio: Mi foto de perfil


[1]Para una extensa defensa de esta lectura, véase Thomas M. Bolin, Freedom beyond forgiveness: the book of Jonah re-examined (Sheffield: Sheffield Academic Press, 1997).

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Profe.
Muy bueno el artículo, aunque quisiera preguntarle algo que me dejó algo dudoso.
En la frase: "Es mucho más fácil ser Nahum que ser Jonás", creo que deberíamos detenernos por un momento. Pues, tanto a Nahum como a Jonás se les encomendó la tarea de proclamar sentencia de juicio (a muchos no les gustaría recibir este tipo de mensajes) contra la ciudad de Nínive, aunque en diferentes épocas. Ambos se dirigían hacia "el imperio enemigo cruel", y como profetas podían ser aceptados o no, de acuerdo a la palabra que fueran a proferir. Nahum, también, pudo haber visto el arrepentimiento de Nínive, y por consecuente el de Dios. Era humano y tenía sentimientos. Pero, por éso, no huyó de Dios.
Creo que los dos profetas estaban casi en las mismas condiciones, y la tarea de uno no era más pesada que la del otro. Y así como Jonás huyó, durmó y calló, también Nahum hubiera hecho lo mismo.

Milton Acosta dijo...

Me incliné en esa dirección porque el sabor de todo el libro de Nahúm es que Nínive será destruida; no veo otra alternativa en el mensaje de Nahúm. Por eso es que pienso que para Nahúm es más facil que para Jonás, reconociendo que en esencia el ministerio profético no es fácil para nadie.

Gracias por el comentario.

julio cesar dijo...

Que grato ha sido encontrar este Blog... Bendecido