julio 11, 2009

Tan bien que íbamos [3]: Ni esclavos ni libertinos

Milton Acosta, PhD

¿Cuál es la respuesta de Pablo a la relación judaísmo-cristianismo en Galacia? Un escrito en forma de carta donde expone el problema desde el punto de vista teo-lógico: una teología bíblica con una lógica interna. Es interna en dos sentidos: el sentido de su coherencia argumentativa, y con respecto al interior del individuo y su comportamiento. La carta a los Gálatas es tanto una exposición como una invitación a pensar. Por eso la gran cantidad de preguntas retóricas.

Los tres caminos más importantes ante la aceptación del mensaje del evangelio son: 1) en un extremo está el entender el evangelio “demasiado bien” y terminar abusando de la libertad que da la gracia; 2) en el otro está el creer entenderlo y terminar practicando una religión de obras por la incomodidad existencial que produce esa insoportable sensación de no saber si hemos hecho los suficiente para agradar a Dios; y 3) en el centro está el evangelio bíblico de la gracia: Dios nos salva por que nos ama y respondemos de la misma manera. Examinemos por dónde caminamos.

Primero el libertinaje. En realidad no es posible entender “demasiado bien” el evangelio. El tema es el abuso. La libertad trae sus tentaciones naturales. El que se libera de la pobreza con un enriquecimiento repentino muy probablemente se comportará como un mafioso: desmedido en todo; se le ve a leguas que es mafioso (o que se acaba de ganar la lotería): “¡pa’ eso tengo plata!” Así, algunos cristianos convierten la libertad en libertinaje (Gal 5:13; Judas 1:4). Se puede ser esclavo tanto de las normas como del desenfreno. En ambos casos se necesita una cultura circundante de soporte: la ultra-religiosa para el primero y la secularizante para el segundo.

En el segundo camino la gente regresa a las viejas prácticas religiosas, vencido por la presión social (que ya vimos) o a la presión interior. El ser humano, incluyendo los ateos y los delincuentes, es religioso por naturaleza: tiene un deber moral y unos medios para cumplirlo; ambos bajo su control. Cuando estos se salen de su control, como ocurre con el evangelio de la gracia, siente una enorme desorientación interior. La naturaleza humana acompañada de un sub-desarrollo teológico y moral lo jalarán hacia la práctica de las obras. Para el judío del siglo primero eran las obras de la ley. Para los latinoamericanos son las buenas obras, los méritos, los puntos, la rayita en el cielo, el balance celestial. ¿Ha sentido alguna vez que Dios le debe algo o que usted le debe obras a Dios? La gravedad de este asunto radica en que quien se justifica por las obras se separa de Cristo y por tanto se cae de la gracia; cae en des-gracia. Es decir, “la gente no puede ser salva por medio de un evangelio falso.”[1]

La carta de Pablo a los Gálatas nos recuerda entonces que: 1) el evangelio es completo; la salvación se obtiene por los méritos de Cristo; no se le puede sumar ni restar nada a eso; 2) no se debe abusar de la gracia; y 3) la nueva libertad es para servir por amor. “Ser cristiano es una emancipación (Gal 5.1), ser siervo de Cristo es un honor.”[2] Pero esto tiene un costo social, un desafío moral y una inversión vital. Debemos evitar el narcisismo espiritual; cristianismo sin servicio es “espirituculturismo.”

Por todo lo anterior, es absolutamente imperioso que los maestros, los predicadores y todo practicante de la fe cristiana se aseguren de cuatro cosas: 1) entender el evangelio de la gracia; 2) predicar el evangelio de la gracia; 3) acompañar y animar a otros en la práctica del evangelio de la gracia; y 4) hacer público el error y sus promotores.

Quienes estamos dedicados al estudio y enseñanza de la Biblia vivimos una incertidumbre permanente: ¿Cuándo es una doctrina lo suficientemente peligrosa como para que uno deba decir algo? ¿Es posible decirlo sin ofender, sin que nos traten de arrogantes o intolerantes? Tanto Pablo como Jesús tomaron dos opciones: Si se predica el evangelio, ¡adelante! Pero si lo que se predica no es el evangelio hay que denunciar y advertir a los creyentes. Gálatas es un ejemplo de lo segundo. Como dijo el apóstol, “confío en el Señor que ustedes no pensarán de otra manera” (Gal 5:10). Lo falso se denuncia.

©2009Milton Acosta

[1]Wayne Grudem, "Why, When, and for What Should We Draw New Boundaries?," in Beyond the Bounds: Open Theism and the Undermining of Biblical Christianity, ed. John Piper, Justin Taylor, and Paul Kjoss Helseth (Wheaton, Illinois, EEUUA: Crossway Books, 2003), 341.

[2]Luis Alonso Schökel, Nuevo Testamento, vol. 3, Biblia Del Peregrino (Bilbao, España: Ediciones Mensajero, 1997), 426.

1 comentario:

Aaron M.R dijo...
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