mayo 17, 2008

Gracia y Gracias (1)


Dios te da lo que yo te dé y Dios me da lo que tú me des
©2008Milton Acosta
Mucho se ha discutido en la historia del cristianismo el tema de las buenas obras y su relación con la salvación, qué valor y que lugar tienen éstas en la vida del cristiano, si las buenas obras salvan o no. El tema se plantea a veces en blanco y negro: ‘los católicos creen en la salvación por obras, los protestantes en la salvación por la fe’. Pero, por ser un asunto de la esencia humana, se resiste a tales simplificaciones. Por cierto, aparte de la afiliación eclesiástica, los seres humanos, aunque prediquemos la gracia, tenemos la tendencia a por lo menos tres actitudes: (1) esperar favores de Dios por nuestras buenas obras, (2) molestarnos con Dios cuando no los recibimos y (3) envidiar a los que los reciben ‘por menos méritos’ que nosotros. Así pues, sin negar la importancia de los dogmas, pesa mucho la forma que estos toman en los creyentes que dichos dogmas creen.
La Biblia dice en muchos lugares que Dios socorre al huérfano, vela por las necesidades de la viuda, provee para los pobres y cuida al extranjero (p.ej. Salmos 113, 146). Eso, según la Biblia, lo hace Dios. Pero, ¿se ha preguntado usted cómo es que Dios hace eso? Para esto hay respuestas populares y respuestas bíblicas.
El público latinoamericano de ascendencia cultural animista escucha algunos predicadores que afirman que detrás de cada desgracia, dificultad y carencia hay alguna fuerza, energía o espíritu maligno que sólo él, cual respetable chamán, brujo o psíquico, es capaz de conjurar con su fe, oraciones y poder, a cambio de alguna suma de dinero ‘para la obra de Dios’, generalmente con el sistema prepago. Esa es la versión ‘espiritual’ de la teoría de la conspiración.[1] Pero ya llevamos demasiados siglos escuchando de la misma fe paranoica con distintos ropajes como para seguirles creyendo. Además, no se puede, como dice la Biblia, eludir las responsabilidades sociales con las oraciones. Hay que ser histórica y teológicamente responsables. Sin descartar los milagros, porque no hay duda que Dios es poderoso y actúa en la historia. Si no fuera así, ¿qué Dios sería?
Pero recordemos que no somos Alicia ni vivimos en el País de las Maravillas, como algunos quieren (des)dibujar a los cristianos y al cristianismo. Recordemos también que el relato bíblico (desde Abrahán) abarca por lo menos dos mil años. En esos 20 siglos se dan tres épocas de concentración de milagros: el período del éxodo y entrada a la tierra prometida, el tiempo de los profetas Elías y Eliseo, y la época de Jesús en la tierra. A esto se le añaden naturalmente otros casos particulares. Es decir, durante la mayor parte de los tiempos bíblicos no era como en los días de Moisés y Josué, de Elías y Eliseo o de Jesús y sus discípulos, como se puede constatar en la misma Biblia y luego en la historia del cristianismo. Siendo así las cosas, no se puede predicar, ni creer, ni vivir, ni correr con un evangelio a cien milagros por kilómetro. No se puede pretender que esas tres épocas se junten en el día de hoy, en la vida de cada creyente y en los cuatro puntos cardinales. Vivimos en la tierra, la misma tierra de la Biblia. Reiteramos que nada de esto niega que Dios sea poderoso ni que haga milagros; para nada. Dios es poderoso y hace milagros hasta la fecha. Lo que se cuestiona es la espiritualidad que explota a los incautos y se esconde en la oración para ignorar y evadir los graves problemas sociales de nuestro continente.
¿Qué es lo que dice la Biblia, entonces? En esta tierra, que es el mismo mundo de la Biblia, Dios le dijo a su pueblo que las necesidades de los más pobres se atendían de tres formas: por ley, por generosidad y por actos especiales de Dios. Dos nos tocan a nosotros y una a Dios. Por ejemplo, según Levítico 19, todos somos responsables de todos en todos los niveles de la sociedad, desde la familia hasta las multinacionales. Eso es lo que espera Dios. Continuará...
©2008Milton Acosta


[1]De esta manera se eliminan de un tajo las responsabilidades individuales y colectivas de los males sociales. En contra de estas ideas, Popper dice: se “debe reconocer que la persistencia de las instituciones y colectividades crea un problema que debe solucionarse mediante un análisis de las acciones sociales individuales y sus consecuencias sociales involuntarias (y a veces no deseadas) y también las esperadas.” Karl Popper, "En busca de una teoría racional de la tradición," Estudios Públicos 9 (1983). Véase también James G. Frazer, Magia y religión (Buenos Aires: Leviatán, 1993). Para la versión hermenéutica, véase, Umberto Eco, Los límites de la interpretación, trad. Helena Lozano (Barcelona: Editorial Lumen, 1992), 59–62.

mayo 10, 2008

Ezequiel, un profeta con alto rating


Teología, Música y Farándula
©2008 Milton Acosta
Si un famoso teólogo cristiano graba un CD de música cristiana, ¿piensa que la gente lo compraría? Y si lo compra y lo escucha, ¿dirá ‘qué buena música’? Tal vez su respuesta será ‘eso depende’. Y ¿de qué depende? ‘Pues de tres cosas—dirá usted—: de la calidad de la voz, del contenido de la letra, y de la calidad de la música.’ Tiene toda la razón.

Ahora imagínese el caso contrario. Si un famoso cantante cristiano predica o publica un libro de teología, ¿usted lo escucharía y compraría el libro? Y después de escuchar y leer, ¿dirá ‘qué buena predicación y qué buena teología’? Tal vez la respuesta de mucha gente no será ‘eso depende’, sino que tenderá a estar de acuerdo y aprobar lo que dice el famoso cantante. ¿Por qué no dice ‘eso depende’? Probablemente por la misma razón que se usan los famosos para hacer propagandas de toda clase y porque sus vidas parecen interesarle a todo el mundo.[1] La gente les cree nada más porque son famosos. No hay más criterios. Su credibilidad y su autoridad radican en su fama. Es decir, los cristianos tenemos más criterios para decidir sobre la música, porque sabemos más de ella que de la teología y por la emoción y sentimientos que la música produce. Eso para la iglesia es lamentable.

Hubo un profeta, digamos ‘el teólogo,’ que tuvo una brillante idea y dijo: ‘si música es lo que quieren, música les daré.’ Así, Ezequiel se convirtió en una ‘estrella del pop’ y alcanzó el rating más alto de cualquier profeta bíblico. ¡Cómo lo disfrutó Ezequiel![2] Pero, ante el éxito Dios le dijo: ‘En realidad, tú eres para ellos tan sólo alguien que entona canciones de amor con una voz hermosa, y que toca bien un instrumento; oyen tus palabras, pero no las ponen en práctica’ (Ezequiel 33:32). ¿Y por qué es esto así? Por lo que dice el versículo anterior: ‘Y se te acercan en masa, y se sientan delante de ti y escuchan tus palabras, pero luego no las practican. Me halagan de labios para afuera, pero después sólo buscan las ganancias injustas.’ En otras palabras, ‘señor predicador y señor cantante, no se confunda, no se deje engañar por el rating.’ En el reino de Dios, fama y fans no sirven si no hay obediencia y práctica de la justicia.

Así las cosas, sería trágico que al cantante cristiano se le juzgara sólo por las ventas de CDs, MP3 y por el estadio lleno. Recordemos que el cantante cristiano no sólo canta, predica. Por tanto, debe ser estudioso tanto de su música como de las Escrituras y la teología. En otras palabras, lo más importante para el músico cristiano debe ser el mensaje que conduce a la obediencia. Si lo que busca es otra cosa, entonces que se vaya con su música para otra parte.

Un musicólogo africano dice que “el tema seleccionado para una composición musical cristiana debe ser tratado bíblicamente y en profundidad.” El compositor cristiano debe tener un conocimiento teológico de los asuntos espirituales que trata en sus canciones. Si lo que distingue a la música cristiana de la secular es la letra, entonces así debe ser. Si el compositor desconoce en profundidad la Biblia y la teología, corre dos serios riesgos, o decir herejías o no decir nada.[3] Sobre esto último, vale la pena añadir que lamentablemente existe música cristiana que no sólo es pobre teológicamente, sino pobre también la calidad artística, tanto de la poesía como de la música en sí. En ocasiones preocupan más las “imágenes de éxito, admiración y bienestar económico,”[4] que lo que se dice y cómo se dice.

‘Entonces—dirá usted con tono irónico—¿cuanto más aburrido el predicador, mejor?’ No. Igual tragedia sería que al predicador por el contrario nadie quiera oírlo por lo aburridor, como también es peligroso que sólo lo oigan porque ‘ay, es que habla tan bonito.’ Un músico baladí, coco seco, es tan lamentable como un predicador aburrido. Claro está, ¡el músico vivirá mejor por sus ventas! Pero para el reino de Dios no habrán hecho mucho ninguno de los dos. Aprendamos de Ezequiel.
©2008 Milton Acosta

[1]Jaap van Ginneken, Collective behavior and public opinion: rapid shifts in opinion and communication (Mahwah, New Jersey, EEUUA: Lawrence Erlbaum Associates, 2003), 123, 130, passim.
[2]Leslie C. Allen, Ezekiel 20-48, Word Biblical Commentary (Dallas, Texas, EEUUA: Word Books, 1990).
[3]Femi Adedeji, "Essentials of Christian music in contemporary times: A prognosis," Asia Journal of Theology 20, no. 2 (2006): 234.
[4]Miguel Ángel Mansilla Agüero, "Del valle de lágrimas al Valle de Jauja: las promesas redentoras del Neopentecostalismo en el más acá," Polis 5, no. 14 (2006).

abril 28, 2008

Propuesta Matrimonial

Una Mujer le Propone Matrimonio a un Hombre (3)
¡En la Biblia!
©2008Milton Acosta

... continuación
Rut es un libro muy estudiado por los lectores de la Biblia. Se usa tanto para afirmar a las mujeres como para afirmar lo que las mujeres no deben ser ni hacer.[1] Sin duda es un libro fascinante por la trama y por los detalles. Rut 3 relata con lujo de detalles una parte esencial de esa intrigante trama. Este capítulo inicia la solución del problema planteado al comienzo, cómo es que habrá descendencia para Elimelec.[2]
El lector cristiano de la Biblia debe ejercitar la humildad[3] en la interpretación de Rut 3. Por mucho que uno quisiera, no hay un texto bíblico ni extrabíblico que explique la costumbre por la cual Noemí le dice a Rut que haga lo que hizo. Sin embargo, quedan algunas precisiones clave por hacer para entender. Hay argumentos que se pueden esgrimir a favor de la probable costumbre para así aclarar esta embarazosa escena. No se trata de defender la reputación de Rut en contra de la evidencia, sino de evitar que nos convirtamos en ‘descodificadores aberrantes’, como de hecho los hay.[4] P.ej., afirmar que Rut estaba desnuda[5] y que es una desvergonzada es como afirmar que el profeta Eliseo era un violador, padre del hijo de la Sunamita, o que Blanca Nieves era una prostituta que se acostó con los siete enanitos, uno cada noche.[6] Así, se llega a una “interpretación aberrante” sea por no percibir los sentidos metafóricos de un texto o por inventarlos donde no existen.
Primero, parece que sí se trata de un “medio acostumbrado” para proponer matrimonio, porque, junto con las instrucciones, Noemí le dice a Rut “él te dirá qué debes hacer.”[7] Esto sugiere que se trata de una práctica establecida y sabida, es decir, de una costumbre; la cual debe entenderse en el marco de la ley del levirato: la viuda sin hijos se casa con el familiar soltero más cercano al difunto.[8] Hay más costumbres en Rut 4.
Segundo, la Biblia no cuenta historias para idiotas ni espera que nos hagamos los idiotas al leerla. Si un tipo viola a una mujer, la Biblia lo cuenta (Jue 19, 2 Sam 13), si quiere hablar de erotismo, lo hace (Cantar de los Cantares); de modo pues que no es necesario ponerle al texto suspicacia ni malicia cuando no la tiene. Es decir, Rut 3 no trata de una historia eufemística que en realidad quiere contar “otra cosa”.
Tercero, el lector debe preguntarse si Rut es el libro de conductas ilícitas e inmorales. No parece. Por lo tanto, es difícil sostener que se trata de engañar a Boaz[9] si lo primero que hace Rut es decir su nombre y por qué está metida en su cama. Además, Boaz dice que Rut es una mujer virtuosa. Mujeres con este título sólo hay dos en la Biblia, la de Proverbios 31 y Rut. Es probable que la ubicación de Rut en el canon judío sea hermenéuticamente importante pues al capítulo sobre la mujer virtuosa de Proverbios 31, le sigue el relato de Rut.[10] Habría que descodificar esto mal también y concluir que por mujer virtuosa Boaz quiere referirse a la mujer mala de Proverbios. Eso sería el colmo del lector, no sólo aberrante, sino depravado.
En cuarto lugar, es igualmente importante lo que dice el libro sobre Boaz: aunque es el patrón con posición susceptible al abuso, demuestra ser un tipo correcto; es el dueño de la finca, no se nos olvide, pero hasta la fecha se ha mantenido probo; da la impresión que sus empleados lo quieren y lo respetan. Además, el texto nos da un par de datos que deben hacer pensar que Boaz “no es el tipo” de las cosas inmorales. Él mismo dice que no es un jovencito (3:10) y llama a Rut “hija mía,” de la misma forma como la llama Noemí, la suegra de Rut. Finalmente, se debe reconocer que el relato muestra una “acción simbólica”, narrada en forma de suspenso.[11] Otros la han llamado ‘historia de sorpresa.’[12] Por eso nos da el escritor bíblico todos los detalles: “he aquí a la media noche se sobresaltó el hombre cuando al voltearse y he aquí una mujer acostada a sus pies” (Rut 3:8). Los dos he aquí y el sobresalto, indican clara y literalmente que ¡el tipo se asustó y pegó un brinco! En otras palabras, aún si era “plan de seducción” aparte de toda costumbre, el susto lo hubiera arruinado todo. FIN
©2008Milton Acosta

[1]Un excelente planteamiento de este asunto puede verse en Musimbi Kanyoro, "Reading the Bible from an African Perspective," Ecumenical Review 51 (1999).
[2]Johanna Klugkist, Die Bücher Ruth und Esther der Bibel: Interpretation und Vergleich (s.l.: GRIN Verlag, 2005), 27.
[3]Véase la magistral exposición de esta virtud en Kevin J. Vanhoozer, Is There a Meaning in This Text? The Bible, the Reader, and the Morality of Literary Knowledge (Grand Rapids: Zondervan, 1998), 455–468.
[4]Umberto Eco, Los límites de la interpretación, trans. Helena Lozano (Barcelona: Lumen, 1992), 25, 190.
[5]K. Nielsen, Ruth: a commentary, trans. Edward Broadbridge (Louisville, Kentucky, EE.UU.A.: Westminster John Knox Press, 1997), 80.
[6]Véase Yairah Amit, "The Shunammite, the Shulamite and the Professor between Midrash and Midrash," JSOT 93 (2001).
[7]K. Lawson Younger, Jr., Judges and Ruth (Grand Rapids: Zondervan, 2002), 459.
[8]Sin duda se trata de una especie de extensión de la ley del levirato (cp. Deut. 25:5–10; Levítico 25). Véase Roland de Vaux, Ancient Israel: Its Life and Institutions, trans. John McHugh (Grand Rapids and Livonia, MI: Eerdmans and Dove Booksellers, 1997), 21–22. Cp. David M. Howard, Jr., An Introduction to the Old Testament Historical Books (Chicago: Moody Press, 1993), 132–133.
[9]Tod Linafelt, Ruth (Collegeville, Minnesota, EEUUA: The Liturgical Press, 1999), 48.
[10]Carlos Bovell, "Symmetry, Ruth and Canon," Journal for the Study of the Old Testament 28, no. 2 (2003).
[11]Younger, 460–461.
[12]L. Ryken, J. Wilhoit, y T. Longman III, eds., Dictionary of Biblical Imagery (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1998), 829.

abril 04, 2008

Propuesta Matrimonial

Una Mujer le Propone Matrimonio a un Hombre (2)
¡En la Biblia!
©2008Milton Acosta
... Continuación
No sabe uno la trapisonda exegética en la que se mete al tratar de entender una historia como esta. Es curioso, entre otras cosas, que la parte del libro de Rut que sí tiene que ver con matrimonio (capítulos 3 y 4), (casi) nunca aparece en los sermones de matrimonio, mientras que la parte que no tiene que ver con el asunto es la que con frecuencia aparece (Rut 1:16–17). De todos modos, el asunto no es sólo que una mujer le haya propuesto matrimonio a un hombre, sino ¡de qué manera! Lo primero es eso de “descubrir los pies.” Este verbo que se usa aquí (hebreo: galah) aparece en situaciones diversas de “relaciones sexuales ilícitas,”[1] especialmente Oseas 9:1, como bien lo nota Linafelt.[2] Lo segundo es que en el Antiguo Testamento no es raro el eufemismo de “pies” para referirse a partes íntimas y órganos sexuales tanto de hombres como de mujeres (Ex 4:25; Jue 3:24; 1 Sam 24:3; Deut 28:57; 2 Reyes 18:27; Isa 7:20; Ezeq 16:25). No le quepan dudas.
Las connotaciones sexuales de toda la situación, en tercer lugar, se incrementan al descubrir que a los pies se añade el acostarse en la cama del tipo.[3] Y para completar, aparecen otros dos verbos hebreos comunes en las escenas de sexo: conocer y entrar. De modo pues que no vamos a jugar a los inocentes tampoco; hombre, es que por mul y a los pies que haya sido, es de noche, están en la cama, están acostados, son un hombre y una mujer, ¡y el tipo se ha tomado unos tragos! Sin embargo, y a pesar de todo lo dicho, debemos preguntarnos si la sensualidad y malicia están en el texto o se la ponemos nosotros. La pregunta la hacemos porque no se pueden interpretar las costumbres de otras culturas desde una cultura ajena y distante. Por ejemplo dos hombres tomados de la mano en la ciudad de San Francisco (California) muy probablemente significa que los tipos son homosexuales. En Cambio, sería ofensivo y aberrante interpretar esta misma escena de la misma forma si la observamos en algunos países de África, donde es normal y costumbre que los hombres se tomen de la mano.
De modo pues que el intérprete de la Biblia necesita ser sensible a las costumbres antiguas. Pero siendo honestos, tenemos que decir que no siempre sabemos y tampoco tenemos siempre forma de saber cuando algo en la Biblia se hace por costumbre. Que la situación de Rut y Boaz tiene connotaciones sexuales, sin duda. Que sea una escena de sensualidad y provocación, quién sabe, eso es lo que estamos tratando de determinar. Como quiera que haya sido, si eran los pies o las piernas o un eufemismo, la escena no deja de ser escandalosa para Boaz ni peligrosa para Rut.[4] Hay por lo menos dos alternativas: (1) a Rut se le podría haber acusado de “igualada” al pretender subir en la escalera social tratando de casarse con un rico; y (2) Boaz pudo haber aprovechado la oportunidad para obtener placer sexual, lo cual hubiera resultado en una humillación para Rut.[5]
Costumbre o no, la metida de Rut en la cama de Boaz, es, sin lugar a dudas, una propuesta de matrimonio que una mujer le hace a un hombre en el tiempo de los jueces; hace más de tres mil años. Pero queda todavía otro problema con la forma y el lugar de la propuesta, por si tenemos dudas: Rut, una vez descubierta e interrogada sobre su identidad, dice: cúbreme con tu manto, soy tu pariente (3:9). ¡¿Cómo?! Eso dice Rut. No hay nada que hacer.
Y volvemos a las preguntas. ¿Se trata de alguna costumbre antigua? ¿Pueden ayudarnos en algo los léxicos y las gramáticas hebreas para que esto no sea tan... tan... cómo le digo... pues digámoslo de una vez y como es... tan indecoroso? ¿Es esto sólo el producto de dos mujeres desesperadas por encontrarle marido rico a la viuda joven y pobre? ¡Tremendo lío este! Con razón un autor ha llamado este capítulo: “un encuentro ambiguo en la noche.”[6] Además, ¿qué necesidad tenía el escritor bíblico de darnos todos estos detalles? ¿Por qué no dijo “se casaron” y punto? ¿Es Rut una atrevida acolitada por una suegra sinvergüenza o meramente están procediendo según la costumbre? ¿Que tiene de “virtuosa” (Rut 3:11) una mujer que ha hecho lo que Rut acaba de hacer? continuará ...
©2008Milton Acosta

[1]Robert L. Hubbard, Jr., The Book of Ruth (Grand Rapids, Michiga, EEUUA: Eerdmans, 1988), 203.
[2]Tod Linafelt, Ruth (Collegeville, Minnesota, EEUUA: The Liturgical Press, 1999), 49.
[3]Hubbard, 203.
[4]Linafelt, 49.
[5]K. Lawson Younger, Jr., Judges and Ruth (Grand Rapids: Zondervan, 2002), 460.
[6]Linafelt, 45.