noviembre 03, 2007

"Maldito el día en que yo nací" (2)

“Maldito el día en que yo nací”

Creatividad literaria en Jeremías (2)

©2007Milton Acosta

De las palabras inspiradoras de Jeremías 1 llegamos a un aparente rechazo de ese hermoso llamado en el capítulo 20. Es difícil imaginarse un contraste más extremo en el uso de la palabra vientre. Con el recurso literario de la inclusión, el texto va de vientre a vientre, ¡y de qué manera! Algunas consideraciones generales y otras específicas nos pueden ayudar a digerir estos textos sobre el vientre.

a) A partir de Jer 11:8 inician las llamadas “confesiones/lamentos de Jeremías.” Se han reconocido seis (11:18–12:6; 15:10–21; 17:12–18; 18:18–23; 20:7–13; y 20:14–18). Contrario a lo que uno pudiera imaginarse, existe la posibilidad que al expresar estos lamentos, en conjunto, Jeremías “sentía que la respuesta del Señor a las confesiones renovaba el sentido” de su llamado “y por lo tanto tenía un impacto directo en su mensaje.”[1]

b) Jeremías no sufre solo. Su dolor es el dolor del pueblo. El profeta sufre porque reconocía “su inescapable obligación de proclamar el juicio que se acercaba.”[2] Su dolor no es del tipo “me quiero morir” porque se me daño el peinado. Tampoco es “qué desgracia la vida mía” porque no me salió el negocio.

c) Las coincidencias entre Jer 20 y Job 3 sugieren que se trata de un lenguaje convencional que simultáneamente expresa el sentimiento de quien lo dice, y es también un oráculo de juicio. Nótese que Jeremías aquí no expresa un deseo de morir ni proclama sobre sí maldición: “el día fue maldito por su nacimiento y el hombre fue maldito por dar el anuncio de su nacimiento.” [3] Es común que los creyentes busquen bendiciones en tiempos de crisis. Jeremías, en cambio, asume la crisis como algo que a él le toca vivir junto con su pueblo.

d) Las desesperadas palabras del final de Jer 20 hay que leerlas en el capítulo 20, especialmente con los vv. 7–18. No se trata de si era posible que el profeta tuviera sentimientos suicidas y si lo podemos explicar desde la psicología para concluir “¿por qué no?” o “Jeremías, yo te comprendo.” Nuestra tarea es entender qué es lo que dice el texto, visto desde el lugar que ocupa en el libro.

e) La angustia del profeta es real;[4] pero, ¿cómo se conecta eso con su llamado? ¿es posible unir la lucha interna del profeta con el contenido de su mensaje? Al final del capítulo 20 aparece la última de las confesiones/lamentaciones de Jeremías. Observamos una estructura quiástica (de espejo) así: Inicia con quejas (7–10), sigue el centro con un canto de fe y confianza (11–13) y termina con quejas (14–18). Visto así, el centro de este último lamento no es la desesperanza. No negamos el sentimiento del profeta. Afirmamos que por medio de este recurso literario, el autor logra dos propósitos. Por un lado da rienda suelta al sentimiento, pero literariamente no pone la desesperanza en el centro, sino la esperanza. No tenemos que corregir el texto pensando que esas palabras de confianza (7–18) deben estar al final del capítulo, ni tampoco pensar que la sección (Jer 1–20) termina “mal.” En conjunto, la sección termina con un sentimiento de renovación.

Así pues, lo que para una lectura literal y racionalista sería un escándalo y un sin sentido, desde el punto de vista literario se trata de un acto comunicativo rico y distinto. Es decir, la manera más productiva de leer un texto bíblico es leerlo según su forma literaria y en su lugar. Las palabras desesperanzadas de Jeremías forman parte de la gran sección de los capítulos 1–20. Visto el final del capítulo 20 a la luz del 1, concluimos que el profeta reconoce que Dios entiende las cosas mejor que él porque lo llamó desde el vientre. Es decir, da la impresión que Jeremías no entiende del todo su propio sufrimiento.[5] ¿Quién lo entiende?

El sentimiento del profeta es real, pero la última palabra está en que Dios lo llamó (Jer 1) y en que Dios ha sido fiel en su vida; por lo tanto puede tener seguridad y puede cantar (20:11–13). Es la mejor forma de reconciliar Jer 1 con Jer 20 y no terminar con un profeta esquizofrénico. El mismo que escribió o dictó lo uno también concibió lo otro. Una cosa es la carta de un suicida y otra el género literario de lamento en la Biblia.

La teología no se hace de versículos aislados absolutizados para todos los tiempos y todos los creyentes. La teología se hace de toda la Biblia, respetando la integridad del texto: su naturaleza y género literario y su lugar en el canon. Hacer menos es una violación de las normas elementales de la crítica literaria y un irrespeto a la palabra de Dios. Una lectura plana del texto puede distorsionar el mensaje bíblico. En este caso, no se trata de decir que “a pesar de expresar la confianza, todavía termina diciendo que mejor hubiera sido no vivir.” La palabra final no es esa, sino la totalidad, que incluye Jer 1 y el centro de la última lamentación (20:11–13).
©2007Milton Acosta

[1]P. C. Craigie, Jeremiah 1-25, Word Biblical Commentary, vol. 26 (Dallas: Word, 1992), 173.

[2]Ibid.

[3]Ibid., 278.

[4]Para una elocuente descripción véase, Gerhard von Rad, Teología del Antiguo Testamento, II. Teología de las Tradiciones Proféticas de Israel, trad. Fernando Carlos Vevia Romero (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1990), 255–257.

[5]Jack Lundblom, "Jeremiah," en Anchor Bible Dictionary, ed. David Noel Freedman (New York: Doubleday, 1992).

1 comentario:

Aarón M.R dijo...
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