diciembre 12, 2006

Teología Genealógica o Genealogía Teológica


La poco glamorosa cuna de Jesús
©2006Milton Acosta

A un latinoamericano le resulta divertido y enigmático (a veces chocante) que en los Estados Unidos haya personas que saquen cuentas de su ascendencia étnica.[1] No es raro escuchar: “yo soy 25% alemán, 12,5 irlandés, 50% italiano y 12,5% noruego.” Entonces, cuando levantan la voz injustificadamente es porque se les salió el italiano, cuando hacen algo innovador es su alemán en ellos, cuando andan enojados es por culpa del irlandés, y así sucesivamente. El asunto es enigmático porque en nuestras tierras eso en general no se ve, y divertido porque es curioso que alguien se vea a sí mismo compartamentalizado de esa forma.

En nuestro caso,[2] es más difícil ponerle porcentajes a la genealogía (y tal vez no nos interesa), pero es común que en conversaciones entre familiares y amigos salga a relucir el abuelo español, la tatarabuela italiana, el abuelo alemán. El apellido importa por su origen y porque sirve para explicar principalmente nuestra fisonomía y lo que de ésta consideramos en alguna manera “favorable” (lo claro y lo liso). Igualmente, alguien con nuestro apellido será pariente dependiendo si es rico, si es famoso; o no lo será si es un delincuente, si es pobre. En fin, valoramos esas cosas y las exhibimos para enorgullecernos o para justificar acciones (¿injustificadas?); o las tapamos porque nos avergüenzan y nos sentimos tal vez mal al vernos sin pedigrí (sobre todo si no es europeo).

El cristiano se lleva una gran sorpresa cuando descubre lo poco glamorosa que es la cuna de Jesús. En realidad, si pensamos en lo que nosotros tendemos a valorar y en el imaginario colectivo que tenemos de los judíos, la genealogía de Jesús es más bien vergonzosa. No toda, probablemente, pero hay unas figuras que sinceramente. . . Tal vez Mateo (1:1–15) debió haberla maquillado un poco.

La genealogía en Mt. 1 establece la legitimidad de Jesús como Mesías judío por ser parte del linaje de David y de Abraham.[3] Pero para hacerlo, Mateo incluye personajes cuyo pedigrí y genealogía no son tan “legítimos.”[4] Y no lo son, no porque no lo sean, sino porque con frecuencia los cristianos pretendemos ser más “bíblicos” que la misma Biblia y creamos leyendas (urbanas y rurales) que no se ajustan al relato bíblico. En la genealogía de Jesús aparecen cinco mujeres: Tamar, Rahab, Rut, Betsabé y María.[5] De todas hubo sospechas por algún tipo de “irregularidad marital.”[6] Justificadas o no, pero hubo sospechas. Además, las cuatro primeras no son de origen israelita/judío. Sin embargo, todas gozaron de la bendición de Dios y todas son dignas de pertenecer a la genealogía del Mesías.[7] Así que, si de porcentajes étnicos se trataba, Jesús hubiera tenido que hablar de ancestros moabitas, hititas y cananeos.

Hutchison dice que el énfasis no está en las mujeres en sí, sino en las cuatro conocidas historias del Antiguo Testamento que ellas encarnan.[8] Sí, pero esto es precisamente la que le resulta problemático al purista étnico.[9] Bueno, y en últimas, ¿qué hacen estas mujeres allí? Las cuatro representan la teología bíblica de la inclusión de todos los pueblos, cosa que no es novedad en el Nuevo Testamento. En términos bíblicos, no se es parte del pueblo de Dios por la etnia, sino por la fe en Dios, la cual en incontables ocasiones el mismo “pueblo de Dios” no tiene. La etnia no importa, el pasado tampoco; quiénes son los padres y cuáles fueron las circunstancias de la concepción de un individuo son todas indiferentes para Dios. Si el Mesías puede venir de una genealogía así, también puede ser el redentor de toda clase de personas, aún de los que tengan un pasado “cuestionable.”[10] Y esto es parte fundamental de la agenda teológica de los evangelistas. En conclusión, en la historia de la salvación se participa por la fe y por la gracia, no por lo glamoroso de la cuna. La base sobre la cual se construye la identidad del pueblo de Dios en la Biblia no es étnica, ni geográfica, ni lingüística, ni religiosa, sino teológica, fundamentada en la fe en Dios. Así hace Mateo teología con una genealogía.

[1]Se usa “etnia” y no “raza” por razones de la historia y la biología. Cf. Tite Tiénou, "The Samaritans: A Biblical-Theological Mirror for Understanding Racial, Ethnic and Religious Identity?, 2004," Conferencia, Deerfield, Illinois, EE.UU.A.
[2]No se puede negar la gran diversidad étnica en nuestros países, ni las diferencias históricas causadas por las olas de inmigrantes, sus circunstancias, su tamaño y su relación con los pueblos indígenas. Este artículo refleja la experiencia colombiana por su alto mestizaje, pero probablemente tenga algún eco en otros países de nuestro continente.
[3]Craig L. Blomberg, Jesus and the Gospels: An Introduction and Survey (Nashville, Tenn., Estados Unidos: Brodman and Holman, 1997), 199.
[4]Una explicación bastante detallada de esta genealogía puede leerse en Christopher J. H. Wright, Conociendo a Jesús a Través Del Antiguo Testamento, trad. Daniel Menezo (Barcelona: Publicaciones Andamio, 1996).
[5]Matriarcas más “dignas” hubo en la genealogía de Jesús, pero Mateo las excluyó. Historias de inclusión de hombres como parte de la historia de Israel hay muchas. Un caso prominentes en Josué, p.ej., es la historia de Caleb, el quenita. Siempre fue “el quenita,” pero disfrutó de privilegios porque creyó la palabra de Dios.
[6]R T France, Matthew (Leicester, Inglaterra: Inter-Varsity Press, 1985), 74.
[7]A Tamar, p.ej., se le declara justa porque expone la maldad de un hombre aparentemente ejemplar en Israel (Gen 38:1–30). Tamar desafía la estructura social patriarcal, pero no debemos olvidar que hay hombres también en la historia de la preservación del texto bíblico. Es decir, los hombres aprueban la crítica que la mujer hace a la sociedad y a ellos mismos. Este es un aspecto olvidado en estudios que intentan defender la posición de la mujer en la sociedad, lo cual es admirable. Sin embargo, no es necesario recurrir a análisis parciales y parcializados como se hacen tanto en la literatura especializada como en la popular. Véase, por ejemplo, Yairah Amit, "The Shunammite, the Shulamite and the Professor between Midrash and Midrash," JSOT 93 (2001), Barbara Kantrowitz, Anne Underwood, "The Bible's Lost Stories: Fueling Faith and Igniting Debate, a New Generation of Scholars Is Altering out Beliefs About the Role of Women in the Scriptures," Newsweek, Diciembre 8 2003.
[8]John C. Hutchison, "Women, Gentiles, and the Messianic Mission in Matthew's Genealogy," Bibliotheca Sacra 158 (2001): 152.
[9]Lo cual deja sin fundamento bíblico a quienes usan estas creencias para justificar, p.ej., acciones deplorables contra los palestinos.
[10]Traducción adaptada de Blomberg, 199.
©2006Milton Acosta

2 comentarios:

Aaron M.R dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Aaron M.R dijo...
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