agosto 09, 2013

David y Urías: Dime tú qué harías (1)




David y Urías: Dime tú que harías (1)
Un borracho en su sano juicio
Milton Acosta, PhD

Normalmente el borracho se caracteriza por ser una persona que está fuera de sí, que no tiene pleno control de sus acciones (es decir, es casi una persona) y que muchas veces, pasada la borrachera, no se acuerda de lo que ha hecho. Los chistes de etílicos abundan, pero también las historias trágicas.

Como en todas partes y en todas las épocas, en el mundo bíblico también hay borrachos, también dan risa y también son objeto de ilustraciones: “Andan a tientas en medio de la oscuridad, y se tambalean como borrachos” (Job 12:25). Sin embargo, en la Biblia hay una historia de un soldado extranjero en el ejército israelita, que aún estando borracho es capaz de actuar con el más sano de los juicios. Su antagonista es el rey de Israel, quien, sin necesidad de tomarse un solo trago, actúa de manera vergonzosa y después no se acuerda de nada (2 Samuel caps. 11–12).

David es el rey de Israel que en la Biblia es alabado por sus victorias militares y por su piedad. Urías es el extranjero que se ganó la ciudadanía pagando el servicio militar. Sin embargo, en el encuentro de estos dos hombres, el israelita de más alto rango es el malo, y el extranjero de bajo rango es el bueno. Pero, para colmo de todos los males, de las ironías, de las paradojas y de las cosas que no son como uno piensa que deben ser, Urías murió, y David siguió siendo rey. Y como si eso fuera poco, hasta se quedó con la mujer de Urías. Da como rabia todo esto.

La historia sorprende por varias razones. En primer lugar, justo antes de esto, el relato del libro de Samuel acaba de celebrar las victorias de David. El escritor bíblico parece tener gran admiración por su personaje. No es el giro que uno espera, pero eso es precisamente lo que caracteriza una historia bien contada, el giro inesperado. En segundo lugar, el escritor bíblico hasta aquí había hecho un gran esfuerzo para demostrar que David nada tuvo que ver con la muerte de sus enemigos; nos convence de que David no es un asesino para luego decirnos que sí lo es.

En tercer lugar, el escritor no se limita a contar que David tuvo un problema con uno de sus soldados por causa de una mujer para luego seguir con el relato del gran rey victorioso, sino que se ocupa de los detalles y la minucia de la maldad de David. La estrategia narrativa de este autor desconocido podría tener propósitos de suspenso (si uno está leyendo el texto por primera vez), ya que nos ha mostrado cómo la desobediencia condujo a Saúl a la pérdida del trono y a la muerte (1S caps. 15–31). ¿Pasará lo mismo con David? Y en cuarto lugar, sorprende porque es la historia del extranjero heroico y el israelita villano en la Biblia. Aunque, si uno ha leído la Biblia un poco, no se sorprenderá tanto. ¿Qué hará Dios con David?



Continuará…

2 comentarios:

Victor Marenco dijo...

Que le quiten la mujer, eso duele; y que el muérgano sea un susodicho del pueblo de Dios; y que ese termine siendo el manda más; eso es no tiene perdón.

Andrés Llano U. dijo...

Cuándo continuará?